El terremoto de 7.5 en Panamá fue el más fuerte registrado en la falla de Soná-Azuero
El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre fue el más fuerte registrado en la falla de Soná-Azuero , una estructura geológica que ha provocado al menos tres grandes movimientos sísmicos durante los últimos 150 años.
Sin embargo, la probabilidad de que ocurran nuevas réplicas superiores a magnitud 6 ha comenzado a disminuir , según explicó el investigador Luis Pinzón.
El director de Investigación de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) señaló que esta falla produjo terremotos de magnitud 7 en 1883 y 1913.
Después de más de un siglo de acumulación de energía, el movimiento de octubre alcanzó una magnitud superior a los anteriores , de acuerdo con los registros históricos disponibles.
Pinzón explicó que la falla se extiende desde Soná, en Veraguas, hasta Tonosí, en Los Santos , y que el punto donde comienza un terremoto no necesariamente coincide con el lugar donde se libera la mayor cantidad de energía.
En este caso, las deformaciones más importantes se produjeron hacia Tonosí y Soná , donde también se registraron daños considerables.
La acumulación de energía ocurre cuando los bloques de la corteza terrestre permanecen trabados mientras continúan sometidos a presión .
Cuando esa resistencia se rompe, la energía acumulada se libera mediante ondas sísmicas que se propagan por el terreno.
Según el especialista, este proceso explica la magnitud alcanzada después de más de cien años sin un evento semejante.
Durante sus visitas a las comunidades afectadas, el lunes y martes posteriores al terremoto, Pinzón observó desplazamientos permanentes del terreno, desniveles de hasta dos metros y grietas con aperturas de entre uno y 1.5 metros .
Estas deformaciones evidencian la enorme cantidad de energía liberada por la falla y ayudan a comprender la magnitud de los daños.
El investigador explicó que la profundidad relativamente superficial del terremoto, estimada entre 10 y 12 kilómetros , contribuyó a concentrar las afectaciones cerca de la zona de ruptura.
También destacó que la baja densidad de población en algunas comunidades evitó consecuencias potencialmente mayores , aunque numerosas viviendas e infraestructuras resultaron afectadas.
Sobre las réplicas, Pinzón indicó que su frecuencia ha comenzado a disminuir y los intervalos entre movimientos son cada vez mayores .
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