Jane Goodall, primatóloga inglesa: “Miles de personas que dicen ‘amar’ a los animales se sientan una o dos veces al día a disfrutar de la carne de criaturas que han sido tratadas con una crueldad tremenda”
En un mundo dominado por la inmediatez digital y el consumo anestesiado, pocas voces aparece alguien con la autoridad moral para sacudirnos el confort con una sola oración.
Pero Jane Goodall , la célebre etóloga, primatóloga y Mensajera de la Paz de la ONU , sí lo hizo.
Fue en una investigación del año 2002 que escribió: “Miles de personas que dicen ‘amar’ a los animales se sientan una o dos veces al día a disfrutar de la carne de criaturas que han sido tratadas con una crueldad tremenda”.
Goodall escribió estas palabras desde el rigor de quien pasó décadas observando la delgada línea que nos separa de otras especies.
La declaración funciona como un espejo incómodo para la cultura contemporánea.
Tras una vida de descubrimientos revolucionarios en las selvas de Gombe, Tanzania, se unió al reconocido bioeticista Marc Bekoff para plasmar un manifiesto ético indispensable.
El resultado fue Los diez mandamientos para compartir el planeta con los animales que amamos .
Este libro no es un manual de biología; es un tratado filosófico y espiritual para el siglo XXI.
Estructurado a través de diez compromisos fundamentales, la obra insta a la humanidad a abandonar el antropocentrismo radical y a desarrollar un respeto profundo por la vida no humana.
Es precisamente en el desarrollo del tercer mandamiento —el deber de respetar la vida animal— donde Goodall lanza su estocada contra la industria alimentaria.
Pero, ¿cuál era el contexto? La denuncia a la ganadería industrial.
Cuando Goodall escribió estas líneas, Occidente consolidaba un modelo de producción cárnica hiperindustrializado, diseñado para ocultar el proceso de origen al consumidor.
Captó así el fenómeno psicológico de la disociación: la capacidad humana de fragmentar la realidad.
Denuncia que la sociedad contemporánea es capaz de conmoverse hasta las lágrimas con el rescate de un perro callejero, o de gastar fortunas en el bienestar de sus mascotas, mientras devora de forma autómata un trozo de carne en el almuerzo.
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