Abejorros europeos vs nativos: el invasor que cruzó la cordillera y está haciendo desaparecer al gigante de la Patagonia
Parada en medio de un extenso y enrojecido campo de frambuesas, Marina Arbetman se encuentra suspendida en un mar de indignación y desconcierto.
Es científica en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en Bariloche y el Conicet y lleva décadas estudiando sitios como este.
Sabía qué esperar, pero jamás había entrado a un sitio como ese campo comercial a las afueras de la ciudad de Osorno, en Chile, a solo unos kilómetros de la frontera andina con la Argentina.
A su alrededor hay agentes de destrucción: abejorros importados, liberados intencionalmente y totalmente legales, que por décadas han alterado los ecosistemas naturales en los tramos patagónicos de ambos lados de la cordillera y no por decisión argentina.
Esos agentes son abejorros europeos, cuya especie es Bombus terrestris , y son conocidos como los “ladrones de néctar”.
Muy valorado por la agricultura, es un verdadero trabajador de la polinización al que los consumidores le deben buena parte de alimentos como frambuesas, además de arándanos y frutillas, cultivos altamente rentables que se producen principalmente en Chile para exportación hacia América del Norte, Europa y Asia.
Hace menos de 20 años, los abejorros que zumbaban en este campo, polinizando las últimas flores de la primavera mientras el hemisferio sur se acercaba al verano, eran los gigantescos abejorros patagónicos ( Bombus dahlbomii ).
Hoy no se ve ni uno solo.
Conocido como mangangá en Argentina, moscardón en Chile y duillin o diwmeñ entre el pueblo mapuche, B. dahlbomii es el único abejorro endémico de la Patagonia y está catalogado como especie en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Para 2016 su población ya había caído más de un 50%.
Algunas estimaciones actuales hablan de una disminución cercana al 90%.
Este gigante, cuya reina puede medir tanto como una pila AA y es más robusta que una oruga, ha perdido terreno de manera dramática en lo que va del siglo.
El más pequeño B. terrestris le disputa los sitios de nidificación, el néctar y el polen.
Como si eso fuera poco, también introdujo enfermedades desconocidas para la especie nativa.
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