“La socialización no es que tu perro sea el alma de todos los pipicanes”: 4 claves para ayudarlo a estar con otros compañeros
El concepto de socialización en perros suele malinterpretarse y, en muchas ocasiones, se equipara erróneamente con la necesidad de que todos los animales jueguen o interactúen activamente entre sí en parques.
Carlos Carrasco, educador y divulgador al frente del canal de YouTube ‘Dos Adiestramiento’, recalca que la verdadera socialización consiste en que el animal sepa convivir, gestionar situaciones sociales y compartir espacio sin conflictos, no en ser el protagonista de los pipicanes.
Obligar a un perro a saludar o jugar, lejos de beneficiar su desarrollo, puede generar conductas indeseadas y tensiones innecesarias.
Según Carrasco, “no todos los perros tienen por qué jugar con otros perros”.
El experto advierte que algunos animales pueden preferir observar o permanecer tranquilos, y que forzar la interacción solo eleva el nivel de estrés.
Alan Peiró, responsable de la cuenta de TikTok @Adiestramiento_N.Humedas, subraya que una socialización mal gestionada en la etapa de cachorro puede tener consecuencias de largo plazo, como ansiedad , inseguridad, reactividad o agresividad.
Por eso, el trabajo preventivo en los primeros meses resulta esencial.
Ambos profesionales coinciden en que la socialización no debe medirse por la cantidad de contactos, sino por la calidad de las experiencias.
El bienestar y la seguridad emocional del perro dependen, en gran medida, de cómo se gestionen estas primeras interacciones y de la actitud de los tutores que las acompañan.
4 claves para ayudarlo a estar con otros compañeros Carlos Carrasco propone cuatro claves concretas para orientar la socialización de los perros desde una perspectiva respetuosa y eficaz.
La primera se centra en la elección de los compañeros de juego: no conviene juntar al cachorro con cualquier perro, sino con ejemplares tolerantes, comunicativos y que ofrezcan un buen modelo de comportamiento.
“No cantidad, calidad”, insiste el experto.
La segunda clave es el entorno.
Carrasco desaconseja los parques caninos o pipicanes para estas experiencias iniciales, pues suelen ser espacios poco controlados y propensos a incidentes.
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