Escritores urgidos de dinero
1 Unos meses atrás, un estudio de la Authors Guild estadounidense ponía cifras a percepciones ya existentes en relación con los ingresos de los escritores: de acuerdo con el estudio , estos han disminuido 42% en la última década; incluso aquellos autores que suman al dinero obtenido por sus libros el devengado por actividades afines a la escritura, como las clases y/o las reseñas y conferencias, ganan en promedio tan solo 20,300 dólares anuales, bastante por debajo de la línea de pobreza para una familia de tres o más miembros en Estados Unidos.
La importancia creciente de Amazon en el mercado del libro, la reducción de los adelantos para autores en la “mid-list”, la disminución de las ventas también en el ámbito digital y la competencia de plataformas gratuitas de lectura como Open Library y Google Books eran mencionadas por la organización como las razones principales de la disminución de los ingresos de sus miembros.
No se trataba de la primera de las noticias acerca del asunto; por supuesto, no sería la última.
Medium publicó en febrero de este año una colección de ensayos en la que autores como Carmen Maria Machado, Elizabeth Strout y Andy Weir contaban con qué trabajos se habían mantenido a flote al momento de escribir algunos de sus libros .
Unas semanas después, Alison Flood alertaba a los lectores en The Guardian respecto al hecho de que, de acuerdo con la Royal Society of Literature británica, solo el 5% de los autores de esa nacionalidad obtiene por su trabajo la cantidad que Virginia Woolf sostuvo en una ocasión que un escritor necesitaba para vivir: 500 libras en su día, hoy 30,000 libras anuales.
En el mismo artículo , Kerry Hudson admitía que unos años atrás había tenido que solicitar una ayuda extraordinaria del Royal Literary Fund para pagar el alquiler pese a haber obtenido solo unas semanas antes el prestigioso Prix Femina.
“Vengo de la clase trabajadora, no tengo tarjeta de crédito, no tengo una familia a la que le pueda pedir prestado: no tengo red de contención”, reconocía la escritora.
Las suyas podrían haber sido las declaraciones de muchos de los que, como denunciase Sara Mesa en El Confidencial , no habían cobrado todavía sus honorarios por la participación en un seminario organizado por la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón algo más de nueve meses antes, de los autores argentinos que cuestionaron las prácticas económicas de las editoriales “independientes” dos años atrás, de las instituciones y creadores mexicanos que en marzo de este año cuestionaron el “intento de destruir el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA)” por parte de sus nuevas autoridades .
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