Un diagnóstico equivocado, dos años de dolor y el giro que cambió la vida de la actriz de Casi Ángeles: “Mi vida se volvió gris”
Científicos que estudian el desarrollo infantil coinciden en algo curioso, el cuerpo aprende a moverse mucho antes de que la mente aprenda a nombrar lo que siente .
Un bebé baila con el ritmo de una canción antes de entender qué es la música, y esa memoria física, dicen, queda grabada para siempre, mucho más profunda que cualquier palabra.
Algunas personas pasan la vida entera buscando recuperar esa conexión original con el cuerpo, ese lenguaje sin traducción que aprendieron antes que cualquier otro.
Jenny Williams nunca tuvo que buscarla.
La encontró de chica y la perdió después, no por elección propia, sino por un error médico que la dejó dos años atrapada en un dolor que no cedía.
Lo que pasó entre esa pérdida y el momento en que volvió a encontrarse es, en el fondo, la historia de una mujer que se negó a resignarse.
“Cinco hermanos y una infancia caótica” “Me crie en San Isidro.
Somos nueve hermanos, de tres matrimonios diferentes de mi papá, cinco somos hijos de mi mamá y mi papá -cuenta Williams, y ya en esa primera frase aparece el rasgo que atraviesa toda su historia, la de una infancia intensa, numerosa, sin demasiado espacio propio-.
Si tuviera que definir mi infancia en una sola palabra, diría que fue caótica” , admite.
Su mamá los crio sola, y entre cinco hermanos competir por la atención era parte del paisaje diario.
“Un poco te cría tu mamá, algo más tus hermanos más grandes, en parte vos sola y otro poco los papás de tus amigas”, describe.
Hoy lo lee como un aprendizaje, aunque asegura que en ese momento no lo sentía así.
En medio de ese desorden familiar, algo funcionaba como refugio y como brújula: el escenario.
“Desde muy chica supe que quería dedicarme al arte, de hecho ni siquiera recuerdo un momento en el que descubrí esa pasión, simplemente siempre estuvo ahí”, explica.
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