Dos hermanos y capitanes de bandos opuestos encarnaron durante una década al clásico de Milán: la historia de Giuseppe y Franco Baresi
Hay una imagen que Milán guarda como quien guarda una carta sin abrir: dos hermanos caminando por el túnel de vestuarios de San Siro , uno con la camiseta negra y azul, el otro con la roja y negra.
Giuseppe Baresi del lado del Inter , Franco Baresi del lado del Milan .
Dos apellidos idénticos, dos mundos paralelos, una misma ciudad.
En ese fotograma sin movimiento está todo el Derby della Madonnina : no una guerra, sino una disputa de familia.
El clásico entre Milan e Inter nació en los primeros años del siglo XX, cuando el calcio todavía olía a barro inglés y las fábricas milanesas funcionaban a pleno carbón.
Desde el arranque, la división fue social antes que deportiva .
Los rossoneri representaban al mundo obrero, a los maquinistas que llegaban al estadio en tranvía con la vianda bajo el brazo, apodados casciavit , destornilladores.
Los nerazzurri, en cambio, surgieron de una escisión protagonizada por la burguesía local, los empleados del fular de seda en el bolsillo, los bauscia .
Esa grieta de clase se respiraba en los bares, en los mercados, en el dialecto.
Pero nunca terminó de ser odio.
Era algo más matizado y más duradero: orgullo.
San Siro, la catedral compartida desde 1926 En 1925, el presidente rossonero Piero Pirelli mandó construir San Siro con fondos propios e inauguró el estadio al año siguiente.
Las instalaciones permanecieron en manos del club hasta 1935, cuando el Ayuntamiento de Milán las adquirió.
Por primera vez, las dos mitades de la ciudad compartían una catedral.
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