Se me pianta un lagrimón: el PJ ya no es el PJ
Por Carlos M. Reymundo Roberts LA NACION Escuchar Guardar Compartir Compartir Señoras, señores, guardemos un respetuoso minuto de silencio: el peronismo ha pasado a mejor vida . Perón hubiese cumplido años el jueves 8 y no hubo un alma que se acordara de él. El último tuit de Cristina fue el 7 de septiembre; nada de recesión, cierre de empresas o riesgo país: despidió al historiador Norberto Galasso. Tres gobernadores piruchos le hicieron la claque a Milei en París. ¿Un minuto? Una hora y me quedo corto.
¿Que los estoy matando antes de tiempo? Nada que ver. Acabo de decir que pasaron a mejor vida. La anterior fue una vidurria divertida, excitante, próspera -un mundo de poder y dinero, de mucho poder, de incalculables dineros-, pero algún día tenía que terminar. El punto final no fueron las sucesivas derrotas electorales (a nivel nacional, cuatro sobre seis en los últimos 10 años: ¡arde Troya!), incluido el traspié más oprobioso: en 2023, con todo el aparato y todas las cajas del Estado en sus manos, les ganó un excéntrico panelista de televisión sin historia, sin partido y sin plan; peor: un tipo al que su candidato, Massita, le había pagado la campaña para que dividiera la derecha. Tampoco fue el punto final haber hecho presidente a un sujeto que usaba el sillón de Rivadavia como fetiche de sus fantasías amorosas. La vida signada por bastones de mando, lujurias y placeres concluyó cuando, el 10 de junio del año pasado, la Corte Suprema de Justicia confirmó lo que todos ya sabíamos después de los fallos del Tribunal Oral Federal N° 2 y de la Cámara de Casación: que Cristina Elisabet pasaba a ser conocida como Tobi.
Siempre me divirtió que la primera condena a la más compulsiva oradora que hayamos tenido fuera de un Tribunal Oral. El pez por la boca muere.
Poco después de convertir en prisión lo que venía siendo un coqueto siete ambientes a la calle, Cris fue confirmada como presidenta del PJ. Acaso, el acto de defunción de aquella vida anterior. Por esos días le pregunté a un amigo pirucho cómo era que seguían teniendo de jefa a una mujer que estaba en cana por haberse afanado medio país. “Te voy a ser muy sincero -me dijo-. Por un lado, no había ningún candidato o candidata en condiciones de reemplazarla. Por otro, le imputaron haber robado... Che, no mató a nadie”. Lo entendí: tampoco es cuestión de superpoblar las cárceles.
La mejor vida a la que ha pasado el peronismo es que dejó de ser un movimiento aluvional, caótico, revolucionario, sediento de líderes inmunes a la kryptonita, para transformarse en plataforma de emprendedores e influencers más atentos a las demandas de nichos que de aquel viejazo llamado pueblo. Sus gobernadores solo aspiran a seguir siendo gobernadores, no presidentes; salvo Kichi, del que todavía no estamos a salvo. Donde hubo un Perón, una Evita, un Néstor y una Cristina, ahora aparecen las pretensiones de Kichi. Es decir, de un PJ elitista a uno igualitario. Chiquito, insignificante, marxistón y, dicen, honesto: en el viejo partido no pasaba del zaguán. De un fenómeno de masas, a Massita, founder y CEO del mayor unicornio del país: el Frente Renovador.
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