“La carta de Mujica a Almagro”
Hace poco alguien que no encontraba respuesta para sus desatinos invocó, sin mucho análisis, una carta que Mujica me escribió hace casi 11 años.
El esfuerzo fue patético.
Nadie va a discutir la dimensión política de José Mujica , lo que significa su pensamiento, y nunca he desconocido que ha sido mi maestro y referente principal en la política.
Por supuesto, tuvimos diferencias y las mismas fueron públicas y notorias, están lo suficientemente documentadas como para que sean negadas por nadie.
Dado que el gobierno de Venezuela inició en agosto de 2015 la deportación masiva de ciudadanos colombianos, incluso niños -personas cuyas casas fueron marcadas en una demostración de puro fascismo- decidimos tomar acciones.
Frente a esa crisis humanitaria generada por un régimen abyecto, iniciamos un proceso de asistencia humanitaria con el envío inmediato de fondos y, atendiendo a la invitación que me formuló el alcalde de Cúcuta, ciudad afectada por esta crisis, nos preparamos para viajar a dicha ciudad para ofrecer ayuda y sentar las bases de la posterior instalación de una escuela temporal con la que atender a los niños afectados por la situación.
Cerca de 18.000 personas muy humildes resultaron afectadas por las deportaciones.
El tema había sido llevado a votación en el Consejo Permanente, en el que Colombia perdió y, por lo tanto, ulteriores actuaciones en ese ámbito quedaban prácticamente cerradas.
El gobierno bolivariano se pagó y se dio el vuelto, al decir que esa imposibilidad de actuación de la OEA (que ellos habían bloqueado) demostraba la inutilidad de la organización.
El mismo día de la votación recibimos la invitación del alcalde de Cúcuta para conocer la situación de la ciudad y de la zona.
Acepté inmediatamente.
Eso desencadenó una serie de eventos, entre ellos, algunas personas del sector público colombiano que procuraron desacreditar al alcalde, en segundo lugar, la reacción en mi propio país.
Recibí esa noche la llamada de mi exjefe, mentor y maestro político, quien me dijo que una personalidad del régimen lo había llamado; obviamente, me dio su nombre, y que le había dicho que, si yo iba a Cúcuta, me iban a declarar persona non grata.
Eso me obligó a responder con claridad, le dije a Mujica que quien se creía que era ese personaje, que se fuera a …(y dije una serie de malas palabras) y que lo único que me quedaba claro luego de esa amenaza era que iba a ir a Cúcuta.
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