Inteligencia Artificial y Derecho Penal
Aunque el avance exponencial de la Inteligencia Artificial en todos los ámbitos de la vida cotidiana se viene discutiendo desde hace ya algunos años, en las últimas semanas el tema volvió a ser protagonista de la agenda pública, dado que algunos de los principales referentes de las empresas desarrolladoras plantearon abiertamente su preocupación ante el creciente nivel de autonomía que están alcanzando estos sistemas.
En el ámbito del Derecho Penal, la cuestión genera un debate aún más delicado.
Si bien existen múltiples aristas de discusión en torno a la implementación de sistemas basados en Inteligencia Artificial, la cuestión de fondo -y por ende la que más controversia genera- es si este tipo de programas pueden tomar decisiones de forma autónoma o, dicho de forma más simple, si en el futuro cercano estaremos frente a “jueces robots” que decidan sobre los aspectos más trascendentales en la vida de las personas, como su libertad, su patrimonio o sus relaciones familiares.
A la luz del vertiginoso avance de la Inteligencia Artificial en casi todos los ámbitos de la sociedad, para muchos este destino parece inevitable.
A este ritmo, más temprano que tarde, los algoritmos tomarán las decisiones que hoy corresponden a los magistrados.
De hecho, en algunos países ya se usan sistemas automatizados para evaluar de forma autónoma si una persona debe ir presa o no.
Esta problemática fue objeto de un profundo análisis en el marco del XXI Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Derecho Penal (AIDP), que es la Asociación de Derecho Penal más antigua del mundo (fundada en 1924 como continuidad de la Unión Internacional de Derecho Penal, de 1889), celebrado en París en junio de 2024.
En mi intervención como representante del Grupo Nacional Argentino, sostuve que en un Estado de derecho es inadmisible reemplazar el proceso de toma de decisiones de los jueces por sistemas de Inteligencia Artificial.
En primer lugar, por una cuestión ética y moral.
La Inteligencia Artificial no aplica ningún criterio para resolver este tipo de problemas, decide únicamente de acuerdo a cómo fue programada.
Los propios sistemas así lo reconocen.
Al preguntarle a Gemini, de Google, sobre su capacidad para tomar decisiones éticas y morales, la respuesta fue contundente: “No, no estoy capacitado para tomar decisiones éticas o morales de forma autónoma.
Como inteligencia artificial, carezco de conciencia, valores personales, emociones y libre albedrío.
No puedo “sentir” el peso de una elección ni comprender la moralidad de la misma forma que un ser humano”.
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