La psicología del aislamiento: cuidar la mente en la Antártida
En el ámbito de la psicología aplicada a ambientes extremos y confinados (ICE, por sus siglas en inglés), la Antártida representa uno de los escenarios más exigentes para la conducta humana.
Una geografía extrema, los cambios en los ritmos circadianos provocados por los períodos extremos de luz y oscuridad, y la convivencia prolongada con un grupo reducido de personas ponen a prueba la capacidad de adaptación y el equilibrio emocional.
Dentro de este contexto, la base Esperanza presenta una particularidad: es un asentamiento con presencia familiar, escuela e instituciones comunitarias .
Allí, el acompañamiento psicológico no solo contempla situaciones asociadas al llamado “síndrome invernal”, como alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo y fatiga, sino que también tiene una función preventiva: favorecer la adaptación, cuidar los vínculos y sostener la cohesión de la comunidad.
En conversación con DEF, la teniente de fragata y psicóloga Gabriela Pérez explica cómo se gestionan el sueño, los vínculos y la rutina en un entorno de confines extremas.
Llegar, adaptarse y construir una nueva rutina -¿Cómo son los primeros días de adaptación para las familias cuando llegan a un lugar de confinamiento extremo? -La preparación para la Antártida comienza mucho antes del despliegue.
Los primeros días están atravesados por un verdadero duelo migratorio : el traslado continental, las mudanzas y el despliegue familiar.
Al llegar, el impacto es inmediato: el clima, el aislamiento, el cambio de rutinas y hasta una percepción del tiempo distinta.
En Esperanza, aunque no hay noche polar, la penumbra y los días muy cortos también modifican la dinámica cotidiana.
Desde el equipo de salud mental, buscamos acompañar este proceso sin patologizar.
El entusiasmo, la ansiedad, la nostalgia o la incertidumbre son respuestas naturales ante un contexto excepcional .
En una comunidad donde se convive y se trabaja durante meses, la salud mental tiene que ver, sobre todo, con cómo construimos y sostenemos los vínculos. -La base Esperanza es la única instalación científica donde hay familias. ¿Qué factores facilitan el proceso de adaptación de los niños a esta nueva realidad escolar o social? -Los chicos tienen una enorme capacidad de adaptación, aunque cada uno necesita sus propios tiempos y encuentra su manera de procesar los cambios.
La clave está en lograr que ese nuevo entorno se convierta, poco a poco, en una rutina estimulante y positiva.
La contención es fundamental, pero también lo son una comunidad sólida y docentes preparados. -¿Qué recursos psicológicos resultan indispensables para afrontar una invernada y sostener una convivencia saludable? -No existe un único perfil de personalidad para atravesar una invernada.
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