No es un tema de ESG; es el nacimiento de una mejor forma de hacer empresa
Durante los últimos años, el ESG se convirtió en una especie de lenguaje obligatorio para el mundo empresarial.
Inversionistas preguntan por indicadores ambientales, bancos exigen reportes de sostenibilidad , reguladores incorporan nuevas obligaciones y consumidores esperan que las empresas asuman un papel cada vez más activo frente a los desafíos sociales.
En ese contexto, muchas organizaciones comenzaron a competir por demostrar quién hacía “más ESG”.
Más programas sociales.
Más certificaciones.
Más reportes.
Más indicadores.
Pero pocas se detuvieron a responder una pregunta mucho más importante. ¿Todas esas inversiones realmente crean valor? Alex Edmans , profesor de London Business School , plantea esta incómoda reflexión en su reciente trabajo Rational Sustainability.
Su argumento no consiste en abandonar la sostenibilidad.
Todo lo contrario.
Propone rescatarla de una discusión que, en muchos casos, ha dejado de ser económica para convertirse en ideológica.
Su propuesta es sorprendentemente sencilla: la sostenibilidad debe evaluarse con el mismo rigor con el que se evalúa cualquier inversión empresarial.
El error de preguntar cuánto invertimos en ESG Imaginemos dos empresas.
La primera invierte millones de dólares en proyectos ambientales y publica extensos reportes de sostenibilidad.
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