Treinta años del divorcio de Carlos y Diana, que puso fin al simulacro de cuento de hadas
Londres, 28 ago (EFE).- Este 28 de agosto se cumplen los 30 años del sonado divorcio de Diana de Gales y el ahora rey Carlos III, un trámite que puso fin al simulacro de un cuento de hadas y empujó a la princesa a abrazar una dolorosa libertad que apenas pudo disfrutar un año.
Después de los escándalos que rodearon la relación de Carlos y Diana, el palacio de Buckingham, residencia oficial de la familia real, comunicó el 28 de agosto de 1996 que el Tribunal Superior de Londres había emitido el 'decreto absoluto' que daba por extinto el matrimonio real, iniciado con toda pompa el 29 de julio de 1981.
Tres décadas después, la monarquía se ha adaptado a unos nuevos tiempos en los que el divorcio ya no es tabú para las realezas europeas.
Y aunque la figura de Diana sigue presente en algunas tiendas de recuerdos a través de su imagen en tazas o postales, queda ya lejana para las nuevas generaciones.
La ruptura entre Carlos y Diana no fue una sorpresa, ya que la pareja estaba separada oficialmente desde diciembre de 1992, cuando el entonces primer ministro británico John Major lo comunicó al país en una declaración en la Cámara de los Comunes.
Major dejó muy claro que el desenlace no alteraba los derechos sucesorios del actual monarca.
El punto de no retorno llegó a finales de 1995, cuando Diana se sentó ante las cámaras del programa Panorama de la BBC, con rostro apesadumbrado, para revelar abiertamente por primera vez lo que con el tiempo ha sido una frase mítica: "éramos tres en este matrimonio, por lo que estaba un poco concurrido".
La princesa se refería a la relación extramarital que el entonces príncipe Carlos mantenía desde hacía años con Camila Parker Bowles, el gran amor de su vida y ahora la reina consorte.
Pero oír a Diana expresarlo de ese modo en horario de máxima audiencia fue como si dinamitara los cimientos de la institución, y de hecho provocó un escándalo nacional.
Diana, la princesa que el pueblo británico adoraba, que aparecía casi a diario en las portadas de los periódicos, tenía el corazón roto porque -como dijo en su día, según los medios, su gran amiga brasileña Lúcia Flecha de Lima, la princesa nunca dejó de querer al heredero de la corona.
Ante el gran el revuelo por las confesiones de la princesa, la reina Isabel II entendió que la 'tregua' entre Carlos y Diana era insostenible, e instó formalmente a la pareja a tramitar el divorcio.
El acuerdo final, alcanzado tras meses de ásperas negociaciones legales, supuso un alto precio para la princesa: obtuvo una compensación económica de 17 millones de libras (casi 20 millones de euros) y mantuvo su residencia en el palacio de Kensington (Londres), pero perdió el tratamiento de Su Alteza Real.
A partir de entonces, pasó a ser formalmente Diana, Princesa de Gales.
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