De la solidaridad y comprensión por los migrantes a la indignación por la falta de soluciones institucionales: “Los ceutíes nos sentimos abandonados”
Ceuta es una ciudad fronteriza de 83.000 habitantes acostumbrada a convivir con la complejidad de la inmigración y cuatro comunidades religiosas -cristiana, musulmana, hebrea e hindú-, pero la entrada de 72.000 personas desde Marruecos a finales de julio ha transformado la vida cotidiana de los barrios entre servicios públicos saturados y vecinos que expresan preocupación por la seguridad.
Aunque la gran mayoría regresó al país africano en apenas 48 horas, aún permanecen en Ceuta unos 5.000 migrantes, según cifras del Gobierno, aunque la ciudad autónoma eleva esa cifra hasta los 10.000, lo que ha desbordado un sistema de acogida ya de por sí limitado y ha generado un malestar creciente entre la población , incluyendo episodios de tensión como los de la semana pasada, cuando grupos organizados trataron de bloquear el reparto de comida e incendiaron asentamientos en la Playa del Trampolín.
Más de un mes después del inicio de la crisis, Ceuta sigue lejos de recuperar la normalidad y ese impacto se percibe en el ánimo de vecinos como Fátima, María Jesús y Carlos, que expresan a Infobae su temor a salir a la calle y a que la situación se prolongue .
“No vemos soluciones reales”, coinciden, y aseguran sentirse “abandonados por las autoridades”.
Al igual que ellos, buena parte de la población ceutí pide un control fronterizo riguroso, la agilización de las devoluciones de los migrantes a Marruecos y el traslado urgente de menores a la península para destensionar los recursos de la ciudad.
La sociedad ceutí ha respondido con solidaridad e incluso en barrios como El Príncipe y Sidi Embarek las organizaciones vecinales han convertido campos de fútbol sala en refugios improvisados para mujeres y niñas migrantes para evitar que durmieran en el monte, expuestas a agresiones sexuales .
Sin embargo, el paso del tiempo y la respuesta tardía de las instituciones han provocado indignación y hastío entre la población.
También les preocupa la dependencia de Ceuta respecto a las decisiones de Marruecos y muchos temen que en el futuro puedan ocurrir episodios similares a esta última entrada masiva.
Para Fátima, una joven ceutí musulmana de 27 años que prefiere no desvelar su verdadero nombre, esta situación “es completamente insostenible”, porque considera que “no hay soluciones realistas ni viables”, pese a las últimas medidas de las administraciones, como el acuerdo entre el Ejecutivo y la ciudad autónoma para habilitar nuevos dispositivos para los migrantes , con el objetivo de acelerar los procesos de identificación y retorno de adultos sin derecho a asilo, el refuerzo policial o la creación de un mando único para gestionar la crisis .
Considera que estas acciones son insuficientes y llegan demasiado tarde para responder a un impacto de tal magnitud.
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