La historia de los regios leones que compró Velázquez, hoy custodios del Salón del Trono
Cristina Lladó Madrid, 10 oct (EFE).- Todas las miradas estarán puestas este lunes en el Salón del Trono del Palacio Real durante la recepción del Día de la Hispanidad, donde unos regios leones montan guardia a ambos lados de los tronos.
Son sólo cuatro de los 12 que compró en Italia el pintor y aposentador real Diego Velázquez en 1649, en su segundo viaje como enviado del rey.
Son seis parejas de leones dorados, idénticos salvo porque la mitad mira a la derecha y la otra mitad a la izquierda para tener bien controlado lo que sucede a su alrededor y que originalmente se pensaron para servir de patas a grandes espejos y pesados bufetes de pórfido, una roca volcánica de color rojo.
Para llegar a su destino actual, los leones han seguido un periplo tortuoso que les ha llevado por palacios, fábricas, desvanes y museos.
De los leones originales, hoy sobreviven 11, otro más tuvo que ser replicado ya que resultó dañado en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734.
Cuatro de ellos se encuentran hoy en el Salón del Trono del Palacio Real; los otros 8 lucen fieros como patas de dos mesas de piedras duras en la Galería Central del Museo del Prado.
Los leones son copia de unos que se encontraban en Villa Medicci, Roma, donde se hospeda Velázquez en su viaje, y quien, al descubrir que las piezas antiguas escapan a su presupuesto, encarga reproducciones a Mateo Bonuccelli, quien firma dos de ellos con una inscripción en latín.
“MATTEOS BONVGELLVS LVCENSIS AEROS LEONES DVODECIM FINXIT FVNDIT INAVRAVITQVE REGI CATOLICI AD MDCLI”, se puede leer en la cola de uno de los leones de Palacio y otro del Museo, señala la jefa del Servicio de Artes Plásticas en Patrimonio Nacional, Virginia Albarrán, que se conoce hasta el último detalle de los felinos y su historia.
Además, dado que no estaba claro si las esculturas iban a servir de hacheros de luz, patas para mesas o lucir exentos, las cabezas se hicieron "practicables", con una tapa curva de rizos de melena que se pudiera poner o quitar a conveniencia y que el ingenio popular ha bautizado como "peluquines".
Esas piezas, que los leones de palacio lucen airosos, mientras que los del Prado carecen de ellas para apoyar firmemente los tableros de piedra de las mesas, están guardadas en algún almacén y no se llaman "peluquines".
El nombre correcto es taselo, que es como se conoce a cada una de las partes o secciones independientes que componen un molde, subraya Albarrán.
A lo largo de los años, los leones han montado guardia en el Alcázar de Madrid, el Palacio Real, la Fábrica del Retiro y el Real Museo de Pinturas, antecedente del Prado.
De este trajín dan cuenta los inventarios que conserva el Archivo General de Palacio, que también atesora documentos y cartas sobre qué hacer con ellos a cada paso de la historia.
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