“Me han encomendado la misión de reclamar justicia”: el día que Julio Strassera inició su alegato final en el Juicio a las Juntas
Hacía meses que los argentinos se venían familiarizando con el rostro de ese hombre de frente amplia debajo del pelo engominado, bigotes tupidos y anteojos de marco grueso, que parecía tener grabado en piedra un eterno gesto adusto.
Todos sabían quién era y qué papel cumplía Julio César Strassera, el fiscal del Juicio a las Juntas Militares .
Tenía el mismo gesto de siempre a las 15.20 de la tarde del miércoles 11 de septiembre de 1985 cuando se acomodó los anteojos para leer con más claridad y empezó a dar, con voz firme, un discurso que terminaría de pronunciar una semana más tarde y se convertiría en una de las piezas oratorias más potentes de la historia argentina .
“La comunidad argentina en particular, pero también la conciencia jurídica universal, me han encomendado la augusta misión de presentarme ante ustedes para reclamar justicia.
Razones técnicas y fácticas tales como la ausencia de un tipo penal específico en nuestro derecho interno que describa acabadamente esta forma de delincuencia que hoy se enjuicia aquí y la imposibilidad de considerar uno por uno los miles de casos individuales, me han determinado a exhibir, a los largo de diecisiete dramáticas semanas de audiencia, tan solo 709 casos que no agotan, por cierto, el escalofriante número de víctimas que ocasionó lo que podríamos calificar como el mayor genocidio que registra la joven historia de nuestro país” , comenzó.
Feriado escolar por el Día del Maestro, ese miércoles había amanecido con tres noticias que por entonces concitaban la atención de los argentinos.
Eran el envío por parte del gobierno de Raúl Alfonsín al Congreso Nacional del proyecto de ley de obras sociales, el levantamiento del paro del gremio de camioneros y un caso policial que tenía en vilo a la sociedad: se había pagado el rescate exigido por los secuestradores del empresario Osvaldo Sivak pero sus captores no lo habían liberado.
Sin embargo, desde la mañana, todas las expectativas estaban puestas en el Palacio de Tribunales, donde se desarrollaba el juicio a los comandantes de las tres primeras juntas militares de la última dictadura .
El proceso judicial había comenzado el 22 de abril y durante los siguientes cuatro meses y medio gran parte de la sociedad argentina se había ido enterando, al leer o escuchar las declaraciones de los testigos, de las atrocidades cometidas por el Estado terrorista instaurado por las Fuerzas Armadas y sus socios civiles con el golpe del 24 de marzo de 1976.
Eran cientos de testimonios de presos políticos, sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y familiares de desaparecidos.
Siete de uniforme, dos de traje Ese 11 de septiembre, el del comienzo del alegato de la fiscalía, también había arrancado con dudas.
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