Enrique Simó, conferencista: “La gente no es consciente del impacto de sus pensamientos; los inútiles te desgastan y los negativos te enferman”
El español Enrique Simó se define como dueño de un espíritu un poco rebelde, que lo guio para patear el tablero de una vida convencional y “buscar otra cosa”.
Dejó los estudios de ingeniería, se independizó de su familia muy chico y decidió que no quería títulos ni certificados.
Había hecho muchos trabajos que consideraba interesantes, pero internamente no se sentía contento.
“Todo lo que había hecho no me ha dado más felicidad, al contrario.
Me sentía más dependiente de la gente, incómodo si estaba solo, siempre necesitando estar con alguien.
Esa vida no me gustaba, entonces empecé a buscar ”, recuerda ahora, 40 años después, sobre sus inicios en el camino espiritual que le cambió la vida por completo.
Se inició en el yoga , estudió medicina china, masajes, shiatsu y se sumó al movimiento espiritual Brahma Kumaris , nacido en India, donde encontró la paz que buscaba.
Con 27 años, comenzó a dar talleres para profesores de escuela en Andalucía, luego conferencias y más tarde sumó temas de superación del estrés e inteligencia emocional, de los que en esa época poco se hablaba, hasta que llegó a empresas con cursos de liderazgo.
De visita en Buenos Aires, donde dio la charla “Conquista tu mente, sé dueño de tu vida” en el teatro El Nacional, conversó con LA NACION sobre la importancia de entrenar la mente, el papel de la meditación y cómo cambiar los pensamientos y la percepción de la realidad. –¿Cómo se entrena la mente? –Así como muchos, para tener un cuerpo fuerte, van al gimnasio y le dedican un par de horas al día, con la mente es igual, pero no hacen falta dos horas.
Sí, un poco de tiempo, como para cualquier cosa que se quiera lograr.
La mente se entrena con meditación, pero también con observación y cambiando los pensamientos, creando pensamientos más positivos, más constructivos.
La meditación es una herramienta , pero yo diría que solo con meditación, si no hay un conocimiento espiritual, de entender cómo percibir la vida de formas diferentes, no alcanza.
Porque la vida, al final, es una percepción.
Creés que la realidad es esta, pero es como la percibís.
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