Nick Hornby junta a Dickens y Prince en un ensayo tan llamativo como revelador
Hay libros que se justifican por su tesis y libros que se justifican por su voz.
Dickens y Prince.
Un tipo de genio muy particular , de Nick Hornby , pertenece claramente al segundo grupo.
Ensayo de fan con dotes de notable escritor, cruza las biografías y los caminos creativos de un novelista victoriano ( Dickens ) con una estrella afroamericana de la música pop ( Prince ) a partir de una premisa que el propio autor reconoce “endeble”: ambos murieron en torno a los 58 años.
Desde ahí, Hornby construye una entretenida y por momentos graciosa -dos de sus características narrativas más difundidas- conversación informada sobre qué significa tomarse el trabajo creativo en serio.
Que el libro funcione es, en buena medida, un testimonio de la solidez de Nick Hornby como escritor de no ficción.
Nacido en Redhill, Surrey, en 1957, es conocido ante todo por sus novelas, pero su obra ensayística tiene una coherencia propia que suele subestimarse.
Fiebre en las gradas ( Fever Pitch, 1992), su crónica autobiográfica sobre la obsesión por el Arsenal FC de Londres, redefinió el modo en que la cultura anglosajona habla de los aficionados al fútbol: convirtió al hincha en un personaje literario complejo, capaz de revelar, a través del resultado de un partido, los miedos y las carencias de la vida adulta.
Alta fidelidad ( High Fidelity, 1995), su primera novela, trasladó esa misma mecánica al mundo de la música pop y las relaciones sentimentales, con un protagonista cuya incapacidad para crecer se mide en playlist y en discos ordenados por fecha de ruptura.
La Enciclopedia Británica, oráculo de consulta permanente, sentencia que esa novela “consolidó el tono novelístico de Hornby, que combina la ironía reflexiva y la autodepreciación de sus protagonistas con una creencia fluctuante en el poder redentor del arte y del contacto humano”.
Guau.
Un gran chico ( About a Boy 1998) profundizó en esa misma dirección: un hombre de treinta y tantos años, incapaz de comprometerse con nada, encuentra en la amistad con un niño de 12 años una salida que no había buscado para su vida adulta.
Lo que une toda esa obra, la novelística y la ensayística, es una postura reconocible: Hornby escribe siempre desde el interior de sus obsesiones , no desde la distancia académica.
Sus columnas para The Believer , revista estadounidense, reunidas en The Polysyllabic Spree (2004, un título que juega con el nombre de una banda estadounidense de cierto éxito en la época, famosa por su original “indie coral”) y en varios volúmenes posteriores, son el ejemplo más puro de ese método: cada entrega comienza con una lista de libros comprados y otra de libros leídos, casi nunca coincidentes, y desde esa tensión doméstica construye una crítica literaria que se niega a fingir objetividad.
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