Milei versus el Estado de Bienestar
La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene.
A los ojos de la oposición pero-kirchnerista y la izquierda más dura, el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria conectó esa calle movilizada local con las movilizaciones en Europa de este fin de semana como síntoma de un cambio inminente que está por venir.
El fin de la era de la “crueldad” del ajuste, según su mirada.
Del otro lado, el Gobierno pelea con el cuchillo entre los dientes por sostener un relato de logros, aunque por ahora sean módicos, sobre todo, en cuanto a impacto en la actividad, el consumo y el salario.
Las movilizaciones que se viven en las calles de Europa también alientan las certezas oficialistas, pero en sentido contrario: la crisis palpable en las principales capitales europeas como prueba del fracaso del Estado de Bienestar ya no solo kirchnerista, sino europeo y global.
La Europa en llamas es la versión global de la caída del “anticristo” en el sentido de Luis Caputo cuando dijo: “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo”.
Un Estado de Bienestar deficitario e hiperregulador con efectos colaterales insostenibles, que en Europa, ahora, viviría su final, según la narrativa libertaria, y en la Argentina, ya lo vivió: Milei lo hizo.
Desde el domingo que viene, desde la elección en Brasil, se sucederá una seguidilla de elecciones claves: la de Estados Unidos el 3 de noviembre, la de España el 29 del mismo mes, la de Francia entre abril y mayo de 2027 y luego, la de Argentina, en octubre de 2027.
En todos los casos, se está reescribiendo otra polarización cada vez más clara a la que apela la política de todos los colores para ordenar el sentido de la elección: Estado de Bienestar versus anti Estado de Bienestar.
El desembarco de Milei en el escenario global, luego de llegar al poder en la Argentina, va por ese lado, y en dos sentidos.
Por un lado, Milei como el arquetipo de las consecuencias de todos los fracasos del Estado de Bienestar: solo la percepción de semejante fracaso por parte del votante puede haber dado piedra libre y sentido a una motosierra tan brutal como la mileísta.
Por el otro, Milei como el arquetipo del giro anti déficit y anti desregulación que una parte de la dirigencia política y tecno-empresarial global ve como necesaria.
Milei les ofrece el caso testigo en el laboratorio por antonomasia: una Argentina sometida por décadas a la economía estatizada e hipercerrada del “anticristo kirchnerista”.
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