Cuatro orejas y un rabo para David de Miranda, a hombros junto a Talavante
Julio César Sánchez Almodóvar del Campo (Ciudad Real), 19 sep (EFE).- Una magnífica corrida de Santiago Domecq, por tipo y juego, propició una brillante tarde de toros en el cierre de Almodóvar del Campo, con un David de Miranda que habló de tú a tú a las figuras, saliendo a hombros junto a un importante Talavante, mientras Morante se marchó de vacío con el lote de menores opciones.
Nunca se había puesto el cartel de "No hay billetes" el día de antes de un festejo en Almodóvar del Campo.
Pero para casi todo hay una primera vez, y hoy esta circunstancia tuvo lugar en el coso ciudadrealeño de las Eras de Marta.
El causante principal, aunque no exclusivo, Morante de la Puebla, a quien en su primer turno le correspondió un ejemplar encastado que tuvo un gran pitón derecho y no tanto el izquierdo y, lógicamente, por el diestro llegaron los mejores momentos, en tandas ligadas, ceñidas y elegantes.
No fue un trasteo abundante sino medido, justo.
Habría tocado pelo de no fallar a espadas, pero falló, y mucho, en el caso del descabello.
El áspero cuarto arrollaba por el derecho y acometía irregularmente por el izquierdo, con arrancadas intempestivas y carentes de ritmo.
Lo intentó Morante, que le robó pasajes aislados al natural haciendo un esfuerzo que no prolongó en exceso.
El toreo de capote de Talavante al segundo contuvo afarolados, verónicas, chicuelinas y saltilleras, un buen muestrario que dio paso a una faena de muleta con fogonazos sublimes, sobre todo en cambios de mano enroscándose al encastado toro de Santiago Domecq, que protagonizó un volantín que, a buen seguro, le mermó, terminando rajado, si bien antes permitió al extremeño torear a placer también en redondo por los dos pitones, tal fue su calidad.
Y como en la rúbrica mató bien y a la primera, se abrió la puerta grande ya en su primero.
Y de nuevo disfrutando anduvo Talavante ante el bravo quinto, que gateó tras la tela roja con codicia.
Faena de bamboleo de telas y gran composición plástica, con algún atisbo de petición de indulto disipado cuando el toro se vino a menos.
Pinchó y el premio se limitó a ovación.
David de Miranda plantó cara a sus dos compañeros de cartel, sabiendo que, aunque hay que apretar siempre, hay días que se debe hacer con mayor ahínco por la exposición mediática al compartir cartel con dos figurones.
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