Perón, en el laberinto de sus contradicciones
El paso de los años ha atenuado las pasiones, pero aún su nombre sigue conmoviendo.
En vida despertó el amor devoto de los pobres y el odio rencoroso de los ricos .
Muerto, sigue siendo polémico, controvertido.
Un héroe o un santo para sus leales; un despreciable fascista o un vulgar embaucador para sus críticos.
Los años suelen suavizar las diferencias y permiten que la lectura histórica pueda realizarse.
Con Perón esa tarea nunca fue sencilla.
Sin duda que hizo los méritos suficientes para ganar un lugar privilegiado en la historia.
El general que supo conquistar el corazón del pueblo fue un sagaz político, un maestro de las maniobras tácticas y un despiadado manipulador del poder.
Como todo líder carismático, conocía la clave de las confusas y arrebatadas pasiones de las masas.
Y como todo líder carismático ignoraba el remordimiento y la culpa.
Ingresó en la historia nacional por la puerta grande, deslumbrando con su talento y su sonrisa.
Arremetió contra los intereses creados y las jerarquías establecidas, apoyándose, claro está, en jerarquías e intereses tan sólidos como los que pretendía remover.
Fue atrevido, impertinente y transgresor.
Pero si había que conciliar, conciliaba.
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