Mujeres sin red que consumen en el embarazo, bebés que nacen con síndrome de abstinencia: una sociedad rota, un síntoma que no se ve
Un bebé que llora.
Que llora sin consuelo.
No llora porque acaba de nacer y se quedó sin el abrigo de las entrañas de su madre ni el latido de su corazón que lo acuna hace meses y es el único terreno conocido.
No llora porque los bebés lloran.
Porque no entiende dónde está.
No llora porque la luz y el sonido del mundo, sin la amortiguación de las membranas que lo protegían dentro del útero, son estridentes, son demasiado.
No llora porque tiene hambre ni porque tiene sueño.
Llora un llanto diferente.
Uno imparable.
Llora una calma imposible.
Llora porque tiene abstinencia.
Y no es uno.
Son más.
Cada vez más. *** “¿Qué no consumía? Todo lo que sea droga, lo consumía yo.
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