Crítica de ‘El ser querido’, de Rodrigo Sorogoyen: una portentosa, bella y desgarradora película con Javier Bardem y Victoria Luengo en estado de gracia
El director Rodrigo Sorogoyen se formó un nombre de prestigio dentro del thriller autóctono (junto a su coguionista Isabel Peña ) gracias a títulos como Que Dios nos perdone , El Reino o As Bestas .
Ahora cambia de registro para adentrarse en el drama de personajes y componer la que es sin duda la película más compleja y rica de toda su carrera.
Una obra tan delicada como desgarradora , dispuesta a convertirse en un título de envergadura dentro de nuestro cine.
El ser querido tiene tantas capas que cuesta desentrañarlas y acceder a su esencia, a su verdadero núcleo cordial .
Algo que no obstaculiza su visionado, sino que lo enriquece, ya que cada espectador podrá sacar sus propias conclusiones en torno a los múltiples significados que contiene la película.
Y es que en ella se habla de las relaciones paterno-filiales , de la culpa, del abandono , de la necesidad de afecto, del rencor, de la toxicidad masculina, del cine como metáfora de la vida, de la vida como metáfora del cine , del proceso de creación e incluso de las distintas disciplinas que rodean un rodaje para dar forma a una película.
También habla de los relatos , de los puntos de vista, de cómo cada uno percibe las cosas a través de su particular mirada, de cómo se recuerda, de cómo duele o se olvida.
Todo este engranaje de conceptos se plasma de manera especialmente exquisita , noble y hermosa en la pantalla, sin atisbo de los manierismos que podían haber lastrado anteriores propuestas del director.
Y es que, a pesar de la dificultad, aquí hay riesgo , pero sobre todo emoción y corazón .
Un duelo de miradas antológico La película arranca con un plano de inicio de 18 minutos rodado en una sola toma en el que un padre, Esteban ( Javier Bardem ), director de éxito que marchó a Estados Unidos a hacer su carrera, lleva 13 años sin ver a su hija ( Victoria Luengo ), y se reencontrará con ella en un restaurante para proponerle que sea la protagonista de su próximo proyecto.
Ella no ha tenido mucha suerte profesionalmente.
Es camarera en un bar y no ha logrado conseguir buenos papeles más que en series de derribo.
La charla estará inundada por una incomodidad y una tensión explosiva y servirá como puerta de entrada a todo ese universo entre padre e hija en el que lo que se dice es igual de importante que lo que no, en el que las miradas (o la ausencia de ellas) resultan incendiarias y detrás de ellas se esconden muchas cosas, se dicen muchas cosas.
Es una secuencia excepcional en la que Javier Bardem y Victoria Luengo demuestran su magnetismo , su salvaje poder para hacer magia a través de la interpretación.
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