Milei grita insultos que no puede permitirse; la cuenta la pagan todos los argentinos
Javier Milei no es el primer presidente argentino en interferir en una elección brasileña.
Menos grosero, pero igual de descarado, ya lo había hecho Juan Perón.
Faltaba mucho para los comicios de 1950, pero sus palabras cayeron como bombas.
El gobierno de Río, dijo a la prensa, ha destruido los avances del Estado Novo, la dictadura de Getulio Vargas, candidato a la presidencia.
No hizo falta explicarlo: Perón apostaba por él.
No fueron solo palabras.
Desde la Argentina llovieron dinero y propaganda .
El escándalo encendió al país e inflamó al Senado.
Dos años después, la escena se repitió en Chile.
El hombre de Perón era el general Ibáñez.
Para apoyarlo, su gobierno imprimió toneladas de panfletos.
Cuando los carabineros los interceptaron en la frontera, se desató el caos.
Mutatis mutandis , Perón intervino en todas partes: Paraguay y Bolivia, Colombia y Ecuador, Perú y Venezuela.
Etcétera.
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