“Nada me entusiasma”: la señal que puede esconder una crisis más profunda que el cansancio
Hay días en los que todo parece estar en orden.
El trabajo va bien, las cuentas están al día, la rutina sigue su curso y, desde afuera, no hay grandes motivos para pensar que algo anda mal.
Sin embargo, por dentro aparece una sensación difícil de explicar: aquello que antes generaba entusiasmo hoy apenas provoca una completa indiferencia .
Salir con amigos, planificar un viaje, empezar un proyecto o incluso disfrutar de un hobby dejan de despertar interés.
No necesariamente hay tristeza profunda ni una crisis evidente.
Simplemente, nada conmueve demasiado ; como si el deseo hubiera quedado en pausa.
Leé también: Seis maneras que tiene la naturaleza de beneficiar la salud mental Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, psicólogos y especialistas en salud mental advierten que cada vez más personas llegan al consultorio con una sensación parecida.
No hablan únicamente de cansancio, sino de una dificultad para conectar con aquello que les daba ganas de hacer, crear o proyectar.
Mucho más que cansancio “El problema no es solamente el cansancio.
Hay una crisis del espíritu” , plantea el psicólogo Diego Catalano (MN 79.395 - MP 63.487).
Y aclara que no habla de “espíritu” en un sentido religioso, sino como esa fuerza vinculada con la esperanza, el deseo y la capacidad de proyectar una vida.
Desde esa mirada, sentirse agotado no es lo mismo que haber perdido el entusiasmo.
Una persona puede estar cansada y seguir teniendo ganas de crear, de construir vínculos o de ilusionarse con nuevos proyectos.
El problema aparece cuando ese impulso empieza a apagarse.
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