Un estudio vincula una mayor actividad física con una evolución más lenta del Parkinson
El Parkinson es una afección cerebral que provoca trastornos del movimiento y puede causar alteraciones del sueño, dolor y dificultades para recordar , concentrarse o razonar.
Su impacto aumentó en las últimas décadas: la Organización Mundial de la Salud estima que más de 8,5 millones de personas vivían con esta enfermedad en 2019 y que la cantidad de casos se duplicó en los 25 años previos.
Hasta ahora, distintas investigaciones habían advertido que mantenerse activo se vinculaba con cambios menos marcados en el movimiento .
Sin embargo, todavía no se sabía si esa relación también podía observarse en la memoria y el pensamiento, que pueden verse afectados a medida que avanza la enfermedad.
En ese contexto, un nuevo análisis publicado en la revista Neurology siguió a 294 personas durante un máximo de siete años.
El estudio halló que quienes realizaban más actividad semanal presentaban un descenso más lento en sus funciones cognitivas y en los problemas de movimiento , aunque no demostró que el ejercicio fuera la causa de esa diferencia.
El trabajo incluyó a personas con Parkinson leve a moderado y comparó el tiempo que dedicaban a moverse con su evolución clínica.
Los resultados fueron más favorables entre quienes acumulaban más horas semanales de actividad.
Más de ocho horas semanales se asociaron con un menor deterioro de la memoria y el pensamiento Durante un máximo de siete años, los participantes, cuya edad promedio era de 66 años, completaron cuestionarios sobre su actividad física en el trabajo, el hogar, las tareas cotidianas y el tiempo libre.
Los investigadores clasificaron como moderadas actividades tales como caminar a paso ligero, jugar al tenis en dobles, nadar sin exigencia, aspirar o cortar el césped.
Entre las más intensas incluyeron correr, andar rápido en bicicleta, practicar deportes de equipo, jugar al tenis individual, palear y trasladar cargas pesadas.
Para comparar los resultados, el equipo ordenó a los participantes según el tiempo semanal dedicado a moverse .
El grupo menos activo acumulaba hasta cuatro horas por semana, el intermedio, entre cuatro y ocho horas, y el de mayor actividad superaba las ocho.
También se tuvieron en cuenta la duración, la intensidad de cada actividad y el tiempo dedicado a ejercicios más exigentes.
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