Hambre física o antojo: cómo reconocer qué está provocando tus ganas de comer
Sentir hambre pocas horas después de haber comido, buscar algo dulce al terminar un día complicado o levantarse durante la noche para abrir la refrigeradora no necesariamente significa que el organismo necesite más energía.
Las ganas de comer pueden estar relacionadas con distintos factores, entre ellos el sueño , el estrés , los horarios de alimentación, la actividad física y la composición de las comidas.
La diferencia entre hambre física y antojo no siempre resulta evidente.
De acuerdo con Elvira del Pilar Vidal , nutricionista y docente de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), en la regulación del hambre interviene la comunicación entre el estómago y el cerebro.
En este proceso participa la grelina, una hormona producida principalmente en el estómago. ¿Cómo reconocer el hambre física? Aunque no existe una única prueba para determinar si se trata de hambre física, esta suele aparecer de manera progresiva.
También puede estar acompañada de sensación de vacío en el estómago, menor energía, dificultad para concentrarse o irritabilidad.
Otra característica es que, cuando existe hambre física, generalmente hay disposición para consumir diferentes alimentos y no únicamente uno específico.
Dormir poco puede aumentar las ganas de comer El descanso también puede influir en el apetito.
Dormir menos de lo necesario puede modificar la regulación de la alimentación y aumentar el deseo de consumir alimentos ricos en calorías y carbohidratos.
Según estudios citados por la especialista, después de una noche de sueño insuficiente algunas personas pueden consumir entre 150 y 500 calorías adicionales al día siguiente .
La magnitud, sin embargo, varía entre personas y estudios.
También se han registrado incrementos de entre 15 % y 28 % en los niveles de grelina y, ante una restricción severa del sueño, una disminución aproximada de 18 % de leptina, hormona relacionada con la saciedad.
El estrés puede cambiar la forma de comer Las situaciones de tensión tampoco afectan a todas las personas de la misma manera.
Mientras que en algunas el estrés puede disminuir temporalmente el apetito, en otras, especialmente cuando se prolonga, puede incrementar las ganas de comer.
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