El “clásico de los colegios” lo ganó el mejor alumno de la URBA de este tiempo: Newman sonríe, Champagnat sufre
Champagnat y Newman siempre se miraron de costado.
Y del fragor de tantas batallas deportivas surgió una rivalidad profunda.
Antagonistas implacables, rivales acérrimos, caminaron toda la vida por veredas opuestas.
Pendiente uno del otro, a cada momento y sin ocultarlo.
Gozando las derrotas del de enfrente y lamentando sus victorias.
Rechazándose y al mismo tiempo, necesitándose para potenciarse.
Nada sería lo mismo en la historia de uno sin la existencia del otro.
Como River-Boca, el “clásico de los colegios” es, en el rugby, la cita cumbre de quienes por allí pasaron y se formaron.
Aquellos que estudiaron en el Marcelino Champagnat, fundado en 1914 por la congregación de hermanos Maristas, grupo inspirado en el legado del sacerdote francés; o para quienes recibieron instrucción en el Cardenal Newman, constituido en 1948 por iniciativa de Cornelius O´Reilly e Ignatius Doorley, pertenecientes a la comunidad de los hermanos cristianos, en homenaje al teólogo y académico inglés, John Henry Newman.
Champa y el Cardenal vivieron, viven y vivirán, eternas vidas separadas.
Y cuando el calendario los reúne, brota el orgullo, desborda la pasión y explota la enemistad.
Únicamente folklórica.
Exclusivamente discursiva.
Limitada a los momentos previos, a la duración del encuentro y al post partido.
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