Cortisol: por qué la hormona que todos quieren bajar es esencial para el cuerpo
Basta una búsqueda rápida en redes sociales para encontrar decenas de “soluciones milagrosas” para “bajar el cortisol” y, desde la mirada de la medicina integrativa basada en la evidencia, creo necesario poner luz sobre esta simplificación: sin cortisol, literalmente, no podrías estar leyendo esto.
La demonización de una molécula sin entender su fisiología es tan peligrosa como el desequilibrio que pretende combatirse.
El cortisol no es una toxina que debamos eliminar, sino una hormona esteroidea con un ritmo circadiano finamente orquestado.
El cortisol es producido en unas glándulas suprarrenales que se encuentran por encima de los riñones, específicamente en un área histológica denominada “zona fasciculada”.
Su pico máximo, entre las 6 y las 8 de la mañana, es el responsable de que abramos los ojos y tengamos la energía para incorporarnos, mientras que su descenso progresivo hacia la noche permite que la melatonina tome el relevo y el sueño reparador ocurra.
El problema no es la hormona, sino la pérdida de este ritmo y la exposición crónica a niveles inadecuados.
Al cortisol se lo acusa de causar insomnio. (Foto: Adobe Stock) Las cuatro caras del cortisol que se necesitan conocer Más allá de la simplificación de “hormona del estrés”, el cortisol es un pilar de nuestra bioquímica con funciones que rara vez se divulgan y que son esenciales para entender su verdadero rol: Regulador maestro de la glucemia y el metabolismo energético.
A nivel hepático, el cortisol estimula la gluconeogénesis, es decir, la síntesis de glucosa a partir de aminoácidos, lactato y glicerol.
Durante el ayuno nocturno, esta función es vital: el cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía total del organismo, clásicamente se decía que dependía casi exclusivamente de la glucosa, hoy sabemos que también es un ávido consumidor de lactato (producto final de un proceso bioquímico denominado glucolisis).
Concretamente, sin la acción permisiva del cortisol, caeríamos en hipoglucemias severas durante el sueño.
Paralelamente, el cortisol promueve la lipólisis movilizando ácidos grasos como combustible alternativo para el músculo, un mecanismo de ahorro de glucosa clave en la biología evolutiva.
El antiinflamatorio endógeno más potente.
Existe una paradoja que el público general desconoce: la cortisona, el fármaco antiinflamatorio por excelencia, no es más que una versión farmacológica del cortisol endógeno.
Esta hormona inhibe una enzima: la fosfolipasa A2, bloqueando la cascada de producción de prostaglandinas y leucotrienos.
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