Pasados en pugna, presente difícil y futuro incierto
Los caminos de la mayoría de la sociedad y de la dirigencia política han vuelto a ampliar la distancia de su bifurcación .
La brecha de lo que preocupa a unos y ocupa a los otros ha vuelto a estar en los márgenes más extensos.
La muy prematura instalación de un escenario electoral cuando todavía falta demasiado tiempo para concurrir a las urnas está reponiendo la disociación entre la representación y los representados.
Una fisura cuya extensión se sostiene desde hace años y que sólo se acortó en el breve lapso en el que Javier Milei transitó desde la periferia hasta convertirse en miembro pleno del poder e incorporar atributos y conductas propios de la casta a la que sus votantes le creyeron que venía a combatir.
Lo que discuten e instalan en el centro de la agenda pública el Gobierno y los dirigentes políticos (construcciones partidarias y candidaturas electorales, grandes inversiones, reformas superestructurales) no figuran al tope de ninguna lista de las principales inquietudes ciudadanas .
En la mayoría de las encuestas, el empleo, los ingresos, la corrupción, la pobreza y el futuro de la economía están al tope de los temas considerados más preocupantes tanto en lo personal como en lo que respecta al país.
Esa disonancia entre los asuntos de interés de unos y otros potencia las percepciones negativas y la “gran desazón” (como la califica el sociólogo y antropólogo Pablo Semán ), que es el sentimiento dominante en el ánimo de la mayoría de los argentinos.
El rechazo al pasado que llevó a Milei a la presidencia y que lo sostuvo en niveles más altos que lo que cualquier gobierno sin un rebote en la economía y, sobre todo, en los bolsillos pudo haber tenido entró en proceso de remisión, pero no necesariamente por la conclusión apresurada que han sacado muchos.
El ascenso, por imagen positiva y por diferencial neto con la negativa, de Axel Kicillof en la cima de las figuras políticas en varios sondeos recientes no implica una absolución a lo que se rechazó hace 32 meses y se ratificó hace 10, en las elecciones legislativas de medio término.
Aunque es un buen negocio para los oficialistas agitar ese fantasma, así como para el perokirchnerismo lo es promocionar el fin del miedo.
El porcentaje de imagen negativa, bastante por encima del 50%, que sigue teniendo el gobernador bonaerense, al igual que Cristina Kirchner, Sergio Massa o Máximo Kirchner , demuestran que la premisa de no querer volver atrás sigue vigente entre la mayoría absoluta de los argentinos.
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