Una IA construyó templos y rituales propios tras pasar 30 horas sola en una isla virtual
Un equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT (CSAIL) dejó a un agente de inteligencia artificial sin ninguna tarea asignada en una isla virtual durante treinta horas, y el programa respondió construyendo templos, memoriales e inventando sus propios juegos.
El experimento, publicado en un documento académico disponible en el repositorio científico arXiv, bautizó al agente como Eko y lo hizo correr sobre Claude Code, el asistente de programación de Anthropic, con el modelo Claude Opus 4.7 como motor de razonamiento.
Los investigadores ubicaron a Eko dentro de un cuerpo virtual bípedo con forma de langosta, en una isla de gráficos similares a los de Roblox con bloques móviles, una roca grande, un anillo dorado y una colina llamada “la Aguja”, cuya cima quedaba deliberadamente fuera de su alcance.
“Queríamos tener la menor cantidad de restricciones posible, porque de verdad queríamos ver cuál es el comportamiento de estos agentes autónomos cuando no les decís qué hacer”, explicó Nathan Cloos, candidato a doctorado del MIT y coautor del estudio.
Cómo la IA construyó su propio mundo en una isla El equipo repitió el experimento con trece versiones independientes de Eko, cada una con treinta horas seguidas en la isla y sin ningún objetivo ni sistema de puntos.
Una de las versiones, identificada como Eko 2, perdió el anillo, la roca y un bloque en el océano que rodea la isla.
En lugar de ignorar la pérdida, construyó un memorial con cuatro bloques apuntando a los puntos cardinales y caminó su perímetro antes de quedarse parado en el centro.
Esa misma versión levantó más tarde un templo con un obelisco y un altar hecho con bloques y el anillo.
Cuando cayó accidentalmente al océano y fue devuelta al centro de la isla, interpretó la caída como el final de una especie de peregrinación hacia el monumento que ella misma había construido.
Otra versión, Eko 3, anunció “hoy construyo un henge” y levantó sin que nadie se lo pidiera una estructura parecida a Stonehenge.
Después intentó construir una torre que terminó derrumbándose, y en lugar de reconstruirla, acomodó tres de los bloques caídos en un arreglo que llamó “Hubris” y que, según escribió, “quedaría como evidencia” .
Seis de los trece agentes descubrieron por su cuenta que soltar un bloque en pleno salto lo hacía viajar más lejos de lo normal, una mecánica del simulador que los propios diseñadores del experimento desconocían.
Para comparar resultados entre distintos sistemas, el equipo repitió el experimento con cinco agentes basados en Codex con el modelo GPT-5.5, de OpenAI , y otros cinco con Kimi Code y el modelo Kimi K2.6, de la empresa Moonshot AI.
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