Falleció el constructor Tulio Crespi, uno de los revolucionarios del automovilismo argentino
El deporte motor argentino está de luto. A los 88 años dejó de existir hoy el reconocido constructor Tulio Crespi, llamado por muchos el «Padre de la Fórmula» en Argentina , uno de los grandes fabricantes de autos de carrera de todos los tiempos.
Crespi fue uno de los grandes responsables del crecimiento del deporte motor a partir de los años 60′, a través de la fabricación y preparación de vehículos para especialidades nacionales e internacionales . Desde Balcarce, donde se radicó en los 80′, Tulio dejó su sello como uno de los grandes artífices del nacimiento de la Fórmula en el país.
De allí su apodo, con el que se lo conoce hasta la actualidad. Crespi, que además tuvo su equipo de competición en TC2000, tuvo su primer taller en el barrio porteño de Chacarita, pero luego, gestión mediante de Juan Manuel Fangio, se instaló en Balcarce . Entre sus desarrollos destacan el Tulia GT, la Tulieta, el chasis Tulia y el Petiso, Torino , que marcó una época dentro del Turismo Carretera.
Su relación con Balcarce, una de las grandes plazas del automovilismo en el país, se volvió muy estrecha. A tal punto que, c on el paso de los años, Crespi se convirtió en otro de los grandes nombres asociados a la identidad automovilística de ese lugar.
Durante sus últimos años, Crespi continuó involucrado en nuevos proyectos automovilísticos. El más destacado, aunque no ligado a la competición propiamente, fue la construcción de los vehículos y réplicas realizadas en Balcarce para la producción audiovisual de la serie Ayrton Senna de Netflix, una iniciativa que volvió a proyectar el trabajo del taller hacia una audiencia internacional.
El reconocimiento a su trayectoria también llegó desde la Ciudad de Buenos Aires. En junio de 2024, Crespi fue homenajeado como Personalidad Destacada del Deporte en la Legislatura Porteña por su dedicación y contribución al mundo del automovilismo en Argentina.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo.
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