La tragedia de LAPA: fue la mayor catástrofe aérea en el país y la justicia la dejó impune por su propia desidia
Oscar Ramonino volvía de trabajar.
Manejaba su Chrysler Neon blanco por la Avenida Costanera , en el corredor norte de la ciudad.
En el asiento del acompañante viajaba Andrea Grilli , que trajaba con él y a quien llevaría a su casa.
Era martes 31 de agosto de 1999, hace exactamente 27 años.
Eran casi las nueve de la noche, y del otro lado de la reja del Aeroparque Jorge Newbery estaba ocurriendo algo que ni ellos dos ni nadie podía imaginar.
Un Boeing 737 de la empresa LAPA aceleraba por la pista 13 a 297 kilómetros por hora, pero no lograba despegar.
Los pilotos no habían extendido los flaps , esas superficies movibles que están en la parte trasera de las alas de un avión y que se usan en el despegue y el aterrizaje.
Los tripulantes ignoraron durante 52 segundos la alarma que les avisaba del error.
Ya no podían frenar.
Ya no podían hacer nada .
El avión rompió la reja, arrastró una antena, cruzó la avenida y se llevó puesto el Chrysler.
Después chocó contra maquinaria vial, destruyó una estación reguladora de gas y se incrustó en un terraplén de arena de un campo de golf.
El combustible que cayó sobre los motores calientes y el gas que escapó por las cañerías rotas hicieron el resto.
En segundos, el Boeing era una bola de fuego .
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