Los veterinarios coinciden: “Un loro tiene una vida emocional compleja, necesita interacción de calidad y estímulos”
La especialista advierte que convivir con esta especie implica mucho más que darle comida y enseñarle palabras.
La falta de incentivos, rutina e intercambios, puede aparecer después en gritos, frustración o conductas repetitivas.
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