La psicología advierte que los niños que duermen con sus padres pueden desarrollar problemas de dependencia al ser adultos
Dormir con los padres, una práctica conocida como colecho , divide opiniones porque la psicología y organismos médicos advierten efectos en la autonomía y en la calidad del sueño , mientras algunas familias lo mantienen por apego o comodidad.
Y es que el debate no se limita al descanso infantil: también incluye el riesgo de que el hábito dificulte que el niño aprenda a dormirse solo y se prolongue hasta etapas posteriores.
Parte de la información proviene de la Academia Americana de Pediatría : a partir de los 4 meses de vida, los niños que duermen en la misma habitación que sus padres, aunque no en la misma cama, pueden tener un descanso de menor calidad que quienes duermen en su propio cuarto.
Esa diferencia se relaciona con menos tiempo de sueño y con rutinas deficientes al momento de volver a dormirse tras un despertar nocturno.
El Instituto Europeo del Sueño explicó que, cuando los padres responden de inmediato a esos despertares, el menor puede no retomar el sueño por sí solo.
El organismo añadió: “Esto puede deberse a un menor tiempo de sueño y unos hábitos de sueño deficientes, pues en los episodios en los que se despiertan en medio del sueño, los padres atienden su llamado y no retoman el sueño por sí solos”.
Ese mismo instituto sostuvo que una baja calidad y cantidad de sueño en la infancia aumenta la probabilidad de sobrepeso y de otros trastornos del sueño en edades posteriores.
La publicación también recoge otro argumento de especialistas: la presencia constante del padre o la madre a la hora de acostarse puede convertirse en una “muleta para dormir”, es decir, en una asociación fuerte para iniciar el sueño.
El colecho pasó de costumbre familiar a práctica cuestionada en Occidente En las sociedades occidentales la idea de que los niños debían tener un espacio propio para dormir empezó a extenderse en el siglo XIX.
Antes de ese periodo era común que familias enteras compartieran habitación y que padres e hijos durmieran en el mismo espacio.
El cambio se afianzó con la consolidación de las familias nucleares en la época victoriana y con nuevas reglas sobre educación infantil.
En este tiempo el colecho empezó a vincularse con las clases sociales con menos recursos, porque las familias con mayor poder adquisitivo podían asignar una cama independiente a cada hijo.
La discusión actual también incluye la organización del hogar.
No todos los integrantes de la familia necesitan acostarse a la misma hora y los niños de distintas edades tienen necesidades de sueño diferentes, por lo que compartir cama puede llevar a que los padres y los hijos mayores ajusten sus horarios a los de los más pequeños.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae.