El nudo gordiano del primer empleo: sin experiencia no hay trabajo, y sin trabajo no hay experiencia
Imaginemos a Pedro, de 18 años, armando su primer curriculum .
Abre un portal de empleo y lee: “Se requiere experiencia mínima de un año”, incluso para puestos de reposición o atención al público.
Su problema es circular: para conseguir experiencia necesita que alguien lo contrate, y para que alguien lo contrate necesita experiencia .
Y esto no es una anécdota.
En Argentina, la desocupación juvenil triplica la de los adultos: 13,1% contra 4,5%.
Un 63% de los jóvenes que trabajan lo hace en la informalidad .
La brecha es aún más brutal si se mira el ingreso del hogar: mientras el 42% de los jóvenes del decil de mayores ingresos accede a un empleo de calidad, en el decil de menores ingresos esa cifra cae a apenas el 2% .
Lo mismo pasa en la región: la Organización Internacional del Trabajo estima que la desocupación juvenil triplica a la de los adultos y que uno de cada cuatro jóvenes no estudia ni trabaja.
Lo que no está en el currículum Hay una segunda barrera de la que se habla menos.
Un primer trabajo se consigue muchas veces porque alguien conoce a alguien : un tío que avisa de una vacante, un vecino que recomienda, amigos o familiares que “hacen una llamada”.
Los jóvenes de barrios vulnerables tienen las mismas ganas y muchas veces las mismas credenciales, pero no tienen esa red .
Un estudio reciente de la Universidad de Buenos Aires, registra que un tercio de los jóvenes que no estudian ni trabajan dejó de buscar empleo, no por falta de voluntad, sino porque después de enviar decenas de curriculums sin respuesta aprendieron que buscar no encuentra .
Y dejaron de insistir.
Lo que los otros países están haciendo Varios países rompen el círculo de la experiencia con enfoques distintos.
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