“Se sabrá en unas semanas”: máxima expectativa en el corazón agrícola de los Estados Unidos por el estrés con el clima
Jerry Seuntjens es un agricultor de Kingsley, un pequeño pueblo ubicado en el noroeste de Iowa.
Anteayer, junto con Nahzir Okde, de Mato Grosso, Brasil, dejó su experiencia como productor durante una charla en el Bayer Innovation Showcase en Huxley, donde la empresa de origen alemán tiene un centro de entrenamiento que funciona, entre otras actividades, para mostrar tranqueras afuera tecnologías agrícolas avanzadas.
Uno de los disparadores de la presentación de Seuntjens giró en torno de lo que parece obvio: los vaivenes de la naturaleza continúan teniendo un papel protagónico en el resultado final de un cultivo.
Seuntjens vive en el mismo lugar que se crio.
Entre soja y maíz produce unas 1050 hectáreas.
Ante un auditorio que lo seguía atento, luego de presentarse lanzó.
“La madre naturaleza es la que siempre tiene el control.
Y eso es muy difícil para mí, que me gusta controlar todo lo que puedo, pero la madre naturaleza sigue siendo la que lleva las riendas ahí.
Este año ha sido un desafío extremo”.
Una compañía agroindustrial inauguruó una planta para la elaboración de premezclas de vitaminas y minerales Tras esa frase, el productor contó que, “desafortunadamente”, este año tuvo un tornado que golpeó su establecimiento.
En rigor, en mayo un fenómeno le pegó duro a esa ciudad, provocando destrozos.
Si bien en Estados Unidos la siembra de maíz se inicia en abril, en mayo se atraviesa una fase crítica porque se completa la mayor parte de la siembra.
“Es increíble cómo el cultivo sufrió tanto y ver donde está hoy [en carrera] es muy importante para mí”, destacó.
Destacó los “rasgos” defensivos que consideró tienen materiales de esta compañía.
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