Jarras flavias, copas carchesium... el ajuar milenario que restaura el Museo Arqueológico
Cristina Lladó Madrid, 27 ago (EFE).- El Museo Arqueológico Nacional (MAN) restaura 187 delicados recipientes de vidrio romano de entre los años 30 a.
C. hasta la época tardorromana que ahora están en manos de una arqueóloga especializada.
Son piezas de azarosa vida milenaria, pero cuyo diseño no ha perdido un ápice de actualidad.
Este verano, cajas y más cajas de delicados frascos, cuencos, vasitos y ungüentarios cubiertos de barro y residuos aguardan a ser limpiados sobre una larga mesa en el taller de restauración del Museo Arqueológico Nacional (MAN), gracias al apoyo de la Fundación Iberdrola.
Armada con un pequeño hisopo y agua con alcohol, la también conservadora y restauradora Elena Mora acaricia suavemente la superficie de una bella jarrita de vidrio verdoso cubierta de residuos mientras explica a EFE la azarosa vida de estas piezas.
Se trata de los vidrios más antiguos de una magnífica colección reunida por los Giralt, una familia de vidrieros catalanes, y en especial Enrique Giralt Rocamora, quien en los años 50 del siglo pasado se propuso reunir piezas que narraran la propia historia del material con el que habían construido su oficio.
Con el tiempo, su empeño cristalizó en una colección de 255 objetos, un conjunto excepcional que permite recorrer más de dos mil años de técnicas, usos y formas, y que ahora custodia el MAN, que los prepara para su exposición a principios de 2027, detalla la subdirectora, Cristina Villar.
Las piezas más especiales de la colección son las 187 piezas de vidrio que provienen de todo el Imperio romano, también de Oriente Próximo y norte de África.
A ellos se suman un pequeño grupo de piezas realizadas en pasta vítrea con una datación anterior, en torno al 300-200 a.C. de yacimientos de la zona siriopalestina, lugar en el que se origina la fórmula para la realización del vidrio.
Según la restauradora, se cree que fueron los fenicios, cocinando en una playa, los que observaron que la arena de silicio se derretía a altas temperaturas y que con la pasta resultante se podían elaborar recipientes traslúcidos perfectos para conservar bebidas, aceites y perfumes.
Con el tiempo se desarrolló la técnica del soplado, con lo que los recipientes de vidrio dejaron de ser exclusivos bienes de lujo y su uso se extendió por todo el Imperio romano, especialmente para piezas de vajilla, cosmética u objetos de tocador.
Y así es como han llegado a nuestros días las jarras flavias, frascas de exactamente un litro de capacidad y que, en el caso de la que espera a ser restaurada, es de un bello color agua verdoso y con una pequeña asa de vidrio estriado.
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