Pasó de ser una popular mascota en España por su adorable aspecto a una especie invasora que amenaza la fauna autóctona
Hoy en día se conocen 16 especies distintas de erizos que se dividen en cinco géneros repartidos entre los continentes de Europa, Asia y África.
Dos de ellas habitan en España como parte de su fauna autóctona: son el erizo europeo o común ( Erinaceus europaeus ) y el erizo moruno ( Atelerix algirus ).
Además, otras dos llegaron a nuestro país como víctimas del mascotismo exótico y han acabado formando poblaciones en el medio natural.
Esto, finalmente, las ha llevado a ser catalogados como especies invasoras .
Es el caso del erizo orejudo o egipcio ( Hemiechinus auritus ), de menor tamaño que el europeo, pero más rápido que este.
Su rasgo más característico es, evidentemente, sus orejas, que son mucho más grandes que las que tienen otras especies de erizo.
Sus púas anteriores también son considerablemente más largas, pudiendo llegar a medir hasta tres centímetros.
Este pequeño animal, que es principalmente solitario y de hábitos nocturnos, tiene un amplio rango de distribución , ya que se extiende desde el este de la región mediterránea, a través del suroeste de Asia, hacia la parte oeste de Pakistán en el sur y desde el este de Ucrania a través de Mongolia hasta China.
Así, forma parte de la fauna nativa de países como Afganistán, Egipto, Irán, Libia, Siria, Turquía o Uzbekistán.
Al igual que ocurre con otras especies como el mapache , el cerdo vietnamita o la cotorra argentina, el erizo egipcio se ha extendido por otras partes del mundo debido a su popularidad como mascota .
De hecho, hace décadas llegó a España, donde acabó poblando el medio natural gracias a sueltas accidentales y abandonos. ¿Por qué el erizo orejudo es una amenaza para la fauna autóctona? La principal consecuencia de la introducción de esta especie invasora en España es el riesgo de hibridación con los erizos autóctonos: el europeo y el moruno, que figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE).
Esto supone la pérdida de la identidad genética de las poblaciones autóctonas, así como la de ciertas adaptaciones locales, pues estos erizos se han adaptado al clima, hábitat, enfermedades y alimentación de nuestro país.
La introducción de genes externos puede alterar esas adaptaciones.
La introducción del erizo egipcio también supone una amenaza para los autóctonos en materia de competencia por alimento y refugio , ya que habitan las mismas zonas forestales que estos.
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