Científicos de EE.UU. descubrieron que las personas que hoy tienen más 80 años todavía conservan con claridad sus recuerdos juveniles: cómo funciona su memoria
Hay personas que llegan a los 80 o 90 años y recuerdan una lista de palabras, una conversación reciente o detalles de una historia con una precisión propia de alguien mucho más joven.
No son necesariamente supercentenarios, ya que ese término se reserva para quienes superan los 110 años. Los investigadores los denominan SuperAgers : adultos de 80 años o más cuya memoria episódica funciona al nivel de personas promedio de entre 50 y 60 años.
Desde que el concepto comenzó a estudiarse sistemáticamente, los científicos han encontrado diferencias en estructura cerebral, relaciones sociales y otros aspectos biológicos . Pero faltaba contestar una posibilidad relativamente sencilla: quizás estas personas solo habían tenido suerte en la lotería genética.
Un nuevo estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Chicago y el Translational Genomics Research Institute (TGen) puso esa hipótesis a prueba con una de las mayores cohortes prospectivas de SuperAgers utilizadas hasta ahora. Analizaron 142 SuperAgers y 89 adultos mayores con rendimiento cognitivo promedio, reclutados en cinco centros de Estados Unidos y Canadá.
Los científicos extrajeron ADN de muestras de sangre y comenzaron por uno de los sospechosos más conocidos: APOE , el gen que contiene el alelo ε4, uno de los principales factores genéticos comunes asociados con el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer . Luego calcularon tres puntuaciones de riesgo poligénico, que combinan miles de variantes distribuidas por el genoma para estimar predisposición heredada.
La expectativa era bastante lógica. Si los SuperAgers mantienen una memoria excepcional simplemente porque heredaron menos predisposición a Alzheimer, sus perfiles genéticos deberían mostrar un riesgo claramente inferior al de los otros adultos mayores. Sin embargo, no ocurrió .
Tienen más de 80 años y una memoria comparable con la de personas dos o tres décadas más jóvenes. Los investigadores no pudieron distinguir a los SuperAgers de los adultos de memoria promedio utilizando APOE ni las puntuaciones poligénicas de riesgo de Alzheimer. Tampoco encontraron que las variantes genéticas raras consideradas protectoras frente a la enfermedad fueran más frecuentes entre quienes conservaban aquella memoria extraordinaria.
El estudio no demuestra que los genes no tengan ninguna importancia en el envejecimiento cognitivo. Significa algo más específico: los factores genéticos de riesgo de Alzheimer que hoy se conocen y pueden medirse no bastan para explicar el fenómeno SuperAger .
Para la neuróloga Emily Rogalski , quien lleva casi dos décadas estudiando a estas personas, la diferencia obliga a cambiar la pregunta. Evitar factores de riesgo no es necesariamente lo mismo que poseer mecanismos protectores.
Los próximos trabajos buscarán esas protecciones en un terreno mucho más amplio: imágenes cerebrales, biomarcadores en sangre, sistema inmunitario, sueño, actividad física, relaciones sociales, ambiente y características neuropatológicas.
El resultado deja una paradoja fascinante .
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