La mamá que convirtió las burlas del recreo en un corto de Campanella
Hay una frase que Sheila Graschinsky dijo una vez, casi al pasar, y que quedó dando vueltas: “el café es el mismo café, pero ya no sabe igual.
Estás con las mismas amigas, pero ya no conectás igual”.
No habla de un café.
Habla del punto exacto en que una vida se parte en dos y el mundo, indiferente, sigue funcionando igual que siempre.
Sheila Graschinsky es licenciada en comunicación, tiene un máster en knowledge managemen t, es coach ontológica, mamá de cinco hijos y fundadora de Fundación Ian .
En el episodio de Planes, grabado en Miami, reconstruye los 18 años que van desde un diagnóstico inesperado hasta una organización que cambió el modo en que cientos de chicos con discapacidad se comunican en la Argentina.
Un embarazo deseado y un parto que dio vuelta todo El embarazo de Ian fue planificado y celebrado : primer nieto, primer sobrino, la familia grande que Sheila siempre había imaginado.
Trabajó hasta el final.
Durante el nacimiento, a Ian le faltó oxígeno.
El diagnóstico es parálisis cerebral — encefalopatía crónica no evolutiva, el término que ella prefiere usar —, una lesión producida mientras el cerebro está en desarrollo.
Hoy Ian tiene 18 años.
No camina, tiene dificultad para hablar y para coordinar los movimientos de sus manos.
Su mamá lo describe sin rodeos: un chico brillante, afectuoso, pícaro, feliz .
Su hermano Ben, de 16, llegó muy seguido, y esa proximidad — dice ella — hizo que en la casa nunca hubiera demasiados silencios.
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