Un estudio detectó una señal preocupante en los bosques: están perdiendo una función clave para el clima
Los árboles capturan dióxido de carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y parte de ese carbono queda almacenado en troncos, raíces y suelo en forma de materia orgánica .
Eso convierte a los bosques en sumideros de carbono : sistemas naturales que retiran más CO₂ del aire del que liberan.
Durante más de un siglo, los bosques caducifolios —pierden sus hojas en otoño— del noreste de Estados Unidos cumplieron ese rol de forma sostenida, en buena parte porque se recuperaron de las talas y el abandono agrícola del siglo XIX.
La pregunta que empezó a preocupar a los científicos es si esa función puede durar para siempre, especialmente a medida que los bosques envejecen y el clima cambia.
Un nuevo estudio, encabezado por científicos de la Universidad del Norte de Arizona ( NAU ), ofrece una respuesta inquietante: al menos en el Bosque Experimental de Bartlett , en Nuevo Hampshire , esa capacidad se debilitó de manera sostenida entre 2004 y 2023 , y hasta llegó a liberar más carbono del que absorbió en varios años recientes.
Los resultados están disponibles en la revista científica Global Change Biology Communications .
El bosque liberó más carbono del que absorbió Los bosques actúan como reguladores naturales del clima: a través de la fotosíntesis, los árboles absorben CO₂ de la atmósfera y lo fijan en su madera, raíces y suelo, donde puede permanecer almacenado durante décadas o siglos.
Ese carbono deja de calentar la atmósfera mientras el bosque permanece en pie.
Por eso, los científicos los consideran una de las herramientas naturales más eficaces para frenar el cambio climático : según la ONU , en la última década los bosques, plantas y suelo absorbieron cerca del 30% de todas las emisiones de carbono generadas por la quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas.
Cuando están sanos, son aliados silenciosos e irremplazables del clima global.
Durante 20 años , el equipo registró el intercambio de carbono entre el bosque y la atmósfera mediante una técnica llamada covarianza de torbellinos , que mide en tiempo continuo el flujo de CO₂ entre la superficie forestal y el aire.
Los resultados fueron contundentes: el bosque absorbió cada vez menos carbono con el paso de los años.
En los primeros años del estudio, la captación era alta: en 2007 llegó a 325 gramos de carbono por metro cuadrado.
Pero en años recientes el bosque directamente liberó más carbono del que absorbió: 22 gramos en 2021, 120 gramos en 2022 y 15 gramos en 2023.
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