El grito de socorro de Simeón II de Bulgaria por el estado de Vrana: el histórico palacio rodeado de estanques y colecciones botánicas
Hay lugares que para una familia forman parte de su historia y que, al mismo tiempo, pertenecen a la memoria colectiva de todo un país.
Para Simeón II de Bulgaria , Vrana es precisamente eso.
El antiguo monarca pasó allí buena parte de su infancia, pero décadas después de abandonar el país se enfrenta a una preocupación muy distinta: evitar que el histórico parque que rodea el palacio termine perdiendo buena parte de su riqueza natural y patrimonial.
La alarma ha vuelto a sonar esta semana después de que la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico Zar Boris y Zarina Ioanna haya hecho público un duro comunicado sobre el estado del recinto.
La organización, creada por la propia familia real búlgara y cuyo patronato honorario corresponde a Simeón II , reclama a las autoridades de Sofía una intervención urgente.
Según la entidad, las reuniones mantenidas con representantes municipales a comienzos de agosto no se han traducido en actuaciones visibles.
La fundación asegura que durante las últimas semanas no se han realizado trabajos de mantenimiento , tampoco existe un calendario público para solucionar los problemas ni se han concretado responsables de las distintas intervenciones.
El temor no se limita al aspecto estético.
El recinto habría sufrido varios incendios y presenta deficiencias en sus sistemas de prevención, entre ellas hidrantes que no funcionan correctamente.
A ello se suma una vigilancia que la familia considera insuficiente para garantizar la protección de una extensión de semejantes dimensiones.
Un jardín convertido en patrimonio nacional Vrana ocupa cerca de un millón de metros cuadrados en las inmediaciones de Sofía y constituye uno de los grandes espacios verdes de la capital.
Su origen como gran jardín real se remonta a comienzos del siglo XX , cuando el zar Fernando I impulsó la transformación de estos terrenos siguiendo su conocida pasión por la botánica.
El proyecto fue mucho más allá de la construcción de una residencia.
Jardineros y especialistas procedentes de distintos países europeos participaron en la creación de un paisaje que incorporó especies vegetales de diferentes partes del mundo, además de estanques, caminos, perspectivas y espacios destinados a colecciones botánicas.
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