Desaparecen 35 escuelas rurales tras el terremoto en Panamá al final del año escolar
Ana de León La Pitaloza (Panamá), 13 oct (EFE).- Las familias no saben qué pasará este último trimestre con la educación de sus hijos.
El terremoto de magnitud 7,7 del viernes prácticamente borró las escuelas a las que iban, y aunque no dejó muertos, sí dañó centenares de colegios en la recta final del año escolar en Panamá, que concluye en diciembre.
El Gobierno ha contabilizado 656 centros educativos que resultaron dañados tras el devastador sismo, de los cuales 35 “ya no existen”, dejando sin educación presencial a más de 3.000 estudiantes.
Eran escuelas públicas en pequeñas áreas rurales y de difícil acceso de la región conocida como península de Azuero, ubicada en el suroeste de Panamá y epicentro del temblor.
“Se perdieron esas escuelas.
Las tenemos bien identificadas en las regiones educativas que corresponde”, dijo en la víspera el ministro de Educación de Panamá, Ventura Vega.
El terremoto sucedió, además, en el último trimestre del año escolar, que va de marzo a diciembre en Panamá, país con serias deficiencias educativas en el sector público en comparación con el resto de Latinoamérica, según informes internacionales.
“Nos preocupa porque ahora la educación de los niños o va a seguir o se dejará el trimestre hasta donde está, que creo que es lo mejor porque los muchachos están traumados”, dijo este martes a EFE María Pérez, una madre orgullosa de las calificaciones de su hijo, desde la derruida escuela del pueblo de La Pitaloza, uno de los más devastados y lejos de centros urbanos.
Los centros educativos de esos pequeños pueblos están completamente destruidos con techos colapsados, grietas en las paredes, el cableado eléctrico caído y un inmobiliario imposible de rescatar, según pudo comprobar EFE tras hacer un recorrido por algunas escuelas de comunidades afectadas.
En otros poblados, sin embargo, no fue posible acceder al estar incomunicados vía terrestre por la destrucción a tramos de las carreteras secundarias que los conectan.
En muchos aún se aprecian las pizarras con las vocales y coloridos utensilios educativos de los primeros cursos repletos de escombros.
Permanecen ahí, inmóviles, desde que al mediodía del pasado viernes el terremoto azotó a un país no acostumbrado a fuertes temblores pese a ser parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona sísmica más activa del mundo.
La gran incógnita entre los padres de familia y trabajadores de los colegios es qué pasará los próximos meses.
Mientras que algunos apuestan por no seguir, otros mantienen la esperanza de que el Gobierno instale módulos temporales.
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