La noche en que los porteños marcharon para exigir que los dejaran tomar alcohol
La marcha empezó en los bares.
O, en realidad, empezó a gestarse en las puertas de los bares, cuando sus clientes encontraron sus persianas cerradas a partir de las once de la noche.
Fue en 1918 , después de que las autoridades municipales de Buenos Aires ordenaran el cierre de lo que entonces denominaban como “establecimientos de esparcimiento” pasado el horario habitual de la cena.
Eran los meses en los que la llamada “ gripe española ” recorría el mundo y ya había desembarcado en la Argentina .
Los médicos no tenían una idea concreta sobre cómo combatir esa enfermedad que avanzaba y mataba, y la vida nocturna, por algún motivo que nadie podía explicar del todo, quedó en el ojo de la tormenta.
Entonces, miles de porteños, los más dados a los cafés en los que se trasnochaba y a los bares en los que se bebía profusamente, decidieron que debían estar atentos a cómo las autoridades organizaban la vida cotidiana de los ciudadanos.
No estaban dispuestos a renunciar a sus costumbres ni a sus vicios .
Las autoridades municipales, a medida que la epidemia avanzaba sobre la población, endurecieron las medidas sanitarias.
Las salas de espectáculos, los cafés y los restaurantes debían permanecer completamente cerrados a partir de las 23, aunque hubieran estado abiertos desde la mañana y hasta esa hora.
Ni los médicos ni el Estado podían explicar cuál era el motivo que justificaba la medida: no había manera de demostrar que la noche era más peligrosa que el día .
Los dueños de los “establecimientos de esparcimiento” reaccionaron antes que nadie.
Publicaron una nota en los diarios advirtiendo que si los bares cerraban, el público más noctámbulo, ávido de algún lugar en el que pasar la madrugada, se volcaría a espacios clandestinos sin ventilación ni higiene , en condiciones muy inferiores a las que ofrecían sus establecimientos.
La noche del 1º de noviembre de ese año, los habitués que llegaron a sus bares de costumbre y los encontraron con la persiana baja empezaron a organizarse entre sí.
Espontáneamente, se pusieron de acuerdo y decidieron comprar velas en los comercios cercanos y algunos hasta improvisaron antorchas.
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