La vida sigue siendo maestra: la noche de Rubén Blades en Lima
Silencio.
Estoy hablando yo.
El bullicioso murmullo del público cesó de pronto.
Algunos parecían no saber, no recordar o no haber notado que habían ido a ese lugar a ver a un señor, y que ese señor ya había llegado.
Así que el señor tuvo que hacérselos saber.
Sereno y sin mala educación, solo siendo firme, tuvo que recordarle al público que no solo había venido para hacerlos bailar, sino también para pensar.
Rubén Blades , con un fiel sombrero negro, como todo su atuendo, tuvo entonces la absoluta atención de la audiencia de todas las edades que llenó el Arena 1 Park de San Miguel .
En tiempos de celulares y distracciones audiovisuales permanentes, incluso quienes compraron su entrada con entusiasmo fueron proclives a distraerse cuando el artista se dirigió por primera vez al público tras su primera canción.
La mirada firme que les dirigió desde lo alto fue como la de un profesor que, con su sola presencia, es capaz de acallar el jaleo de un salón… o de iniciarlo.
Porque siempre puede ser un buen momento para recordar que Ella era una chica plástica, de esas que veo por ahí, y traerla desde 1978 para abrir su concierto este 2026, junto a la Orquesta de Roberto Delgado que lo acompañó con acierto a lo largo de la noche, como lo hace ininterrumpidamente desde hace 16 años, discos y premios Grammy incluidos.
Yo, la verdad, soy metalero, a mí no me gusta la salsa.
Pero uno sabe apreciar la música, pues.
No me la iba a perder.
Casaca de cuero, jean gastado, botas y melena larga y entrecana, un metalero amamantado con Deep Purple , Black Sabath o Iron Maiden —cuyo emblemático Eddie llevaba en el polo— compartía con este periodista sus motivos para estar aquí y no en casa con The Number of the Beast a todo volumen.
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