Por qué controlar el flujo de aire puede ser una solución ante la propagación del bacilo de la tuberculosis, según el MIT
La tuberculosis ( TB ) se transmite por el aire y causa más de 1 millón de muertes al año , pero un trabajo del Massachusetts Institute of Technology ( MIT ) y la University of Texas Southwestern Medical Center muestra que el riesgo en interiores no depende solo de cuánta ventilación tiene un espacio, sino del patrón local del flujo de aire —el recorrido específico que toma dentro de un espacio—, un factor que puede favorecer o reducir la propagación y que resulta decisivo para diseñar o adaptar ambientes cerrados y estudios de transmisión, informó MIT News, el portal de noticias del instituto.
La investigación unió experimentos de transmisión en animales con rastreo preciso de partículas en suspensión y simulaciones computacionales del movimiento del aire para explicar por qué algunos entornos de laboratorio promueven el contagio de enfermedades respiratorias como la TB y otros lo atenúan.
Uno de los hallazgos centrales fue que detalles de diseño como fugas , puntos de entrada y salida , y fuerzas generadas por una persona infectada pueden pesar más que la tasa total de ventilación al momento de predecir la transmisión infecciosa.
Lydia Bourouiba , profesora de MIT y responsable académica del laboratorio Fluid Dynamics of Disease Transmission, afirmó que “los patrones locales del flujo de aire resultan fundamentales”, y añadió que el estudio aporta una de las pruebas más claras sobre la necesidad de considerar la falta de homogeneidad del flujo de aire al diseñar patrones detallados de ventilación, tanto en edificios como en ensayos sobre transmisión aérea.
Reconstrucción moderna de un modelo clásico de transmisión La TB se dispersa cuando una persona infectada tose, estornuda o exhala.
Esas acciones expulsan microgotas y bioaerosoles —partículas microscópicas que pueden contener patógenos— que avanzan en una nube y cuya capacidad de infectar depende, entre otros factores, de la temperatura , la humedad y la ventilación .
El trabajo retoma una línea experimental con más de un siglo de historia.
En 1882 , el médico y microbiólogo alemán Robert Koch estableció un modelo animal para estudiar el desarrollo y la progresión de la tuberculosis, y décadas después otros investigadores demostraron la transmisión aérea entre personas y animales.
Replicar esos ensayos en instalaciones modernas de alta bioseguridad resultó difícil.
El nuevo estudio determina que esa dificultad proviene en buena medida de los estrictos requisitos de contención y ventilación , que alteran de forma drástica el movimiento del aire dentro de los experimentos.
Para medir el efecto de esos patrones locales, los investigadores rediseñaron y modelaron los estudios tempranos en laboratorios contemporáneos.
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