Por qué nunca deberías guardar las patatas junto a las cebollas: el error común en la cocina que estropea la comida antes de tiempo
Guardar las patatas junto a las cebollas en la misma cesta o rincón de la despensa es una práctica tan extendida como perjudicial: este hábito acelera el deterioro de ambos vegetales, al enfrentarlos a condiciones de almacenamiento que ninguno de los dos puede tolerar bien.
La explicación tiene base científica.
Ambos vegetales comparten la preferencia por lugares frescos y alejados del frigorífico, pero sus necesidades específicas divergen.
Las patatas requieren un ambiente con cierto nivel de humedad, fresco y oscuro.
Las cebollas, en cambio, se conservan mejor en espacios secos y con buena ventilación .
Cuando conviven en el mismo lugar, ninguna obtiene las condiciones que necesita y la degradación se acelera en las dos.
Detrás del problema también está el gas etileno , un compuesto natural que liberan ciertos alimentos al madurar.
Este gas actúa como una señal química que acelera el proceso de maduración —y, por tanto, de descomposición— en los productos cercanos.
Las cebollas emiten humedad y compuestos volátiles que propician que las patatas broten antes de tiempo y se ablanden con mayor rapidez.
El resultado es una pérdida de calidad que ocurre semanas antes de lo que ocurriría si se almacenaran por separado.
El mismo principio rige para otros alimentos de uso cotidiano.
Los plátanos muy maduros no deberían guardarse junto a frutas más verdes, ya que el etileno que emiten acelera la maduración de todo lo que tienen alrededor.
Los tomates conservan mejor su textura y sabor a temperatura ambiente, aunque la refrigeración puede ralentizar su deterioro.
El ajo entero debe mantenerse en un lugar fresco y ventilado, mientras que el ajo pelado o cortado sí pertenece al frigorífico.
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