El debate por la secretaría general de la ONU, espejo de los cambios globales
La sociología diagnóstica de los medios de comunicación puede captar al vuelo todo lo que el lenguaje del presidente Milei, cuando insulta con monótona procacidad a los periodistas, tiene de familiar con las tribunas futboleras que despotrican contra el equipo favorito que zozobra y bordea los abismos del descenso.
No es que el Gobierno necesariamente zozobre, sino que el Presidente se comporta con el estilo vulgar de los hinchas que se alarman en las canchas por el comportamiento de sus equipos.
El lenguaje es el primer elemento diferencial de una cultura.
Se expresa de mil maneras. ¿Qué decir del raro caso del silencio de la palabra que se espera y desconcierta por no haber a la vista mandarines que impidan expresarla? Sabemos que el lenguaje de la diplomacia verdaderamente profesional es el silencio, aun cuando haya sido paradójico que un embajador de carrera, como Rafael Grossi, hablara estos meses más de la cuenta en la promoción de su candidatura a secretario general de las Naciones Unidas.
Ha hecho todo lo contrario de quienes se han afanado en el país por empinar sus posibilidades de candidato exitoso, al punto de haber llevado el temperamento lógico, y en exceso discreto, al contagio en otros estamentos del espacio público argentino.
Ha sido una discreción al fin inútil, pero Talleyrand no podría haber hecho con más rigor ese trabajo.
El lenguaje de la diplomacia es el silencio, ¿pero qué turbación ha paralizado a los intérpretes de la política internacional en la Argentina para que hayan mantenido tanta circunspección después de haber habido dos votaciones en el Consejo de Seguridad sobre el futuro de la secretaría general de las Naciones Unidas, el más alto cargo de la burocracia mundial? ¿Pensaban que se podía tapar el cielo con las manos y dejar a la opinión pública sin una información que interesa vivamente al país por las derivaciones que podría haber aquí a raíz de la participación de un argentino en el concurso? Por fortuna, y en consideración al silencio absoluto de radio que había, LA NACION instruyó la semana anterior a su corresponsal en Washington, Guillermo Idiart, a fin de que investigara en qué punto se halla la carrera por la secretaría general de las Naciones Unidas.
Hemos leído así en la edición de ayer de LA NACION una nota de excelencia que ha echado luz sobre lo que aquí muchos se habían abstenido de comentar, pero cuyos datos más descarnados se conocían casi al pie de la letra.
Idiart los ha confirmado a través de las fuentes inobjetables que consultó en Estados Unidos.
Una votación siempre dice algo; dos dicen más todavía.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación El Mundo.