La psicología dice que las personas que repiten "por favor" y "gracias" sin pensarlo dos veces, es posible que hayan crecido aprendiendo que la amabilidad no es una actuación para personas importantes, sino simplemente cómo tratan a cualquier persona que estén frente a ti
“Por favor”, “gracias”, “buen día”. Hay personas que utilizan estas expresiones casi automáticamente, tanto al hablar con un familiar como cuando compran algo, reciben un paquete o se cruzan con un desconocido. El gesto parece sencillo, pero detrás existe un aprendizaje que puede comenzar durante los primeros años de vida.
La psicología estudió cómo padres y otros adultos transmiten las normas de cortesía y de qué manera los chicos aprenden cuándo deben utilizarlas. Las investigaciones muestran que la repetición y el ejemplo familiar tienen importancia, aunque decir “gracias” automáticamente no permite conocer la personalidad de alguien ni asegurar que experimente gratitud.
Las investigadoras Jean Berko Gleason, Rivka Perlmann y Esther Blank Greif realizaron uno de los estudios clásicos sobre el aprendizaje de estas expresiones.
Observaron a ocho familias estadounidenses de clase media con hijos en edad preescolar durante las comidas. Expresiones como “por favor”, “gracias” y otras fórmulas de cortesía aparecían regularmente en las conversaciones.
Estudios con padres e hijos muestran cómo se transmiten y por qué buenos modales y gratitud no son exactamente lo mismo. En seis de las ocho familias, los adultos también utilizaban preguntas destinadas a recordarles a los chicos las normas sociales: “¿Qué se dice?” o “¿Cuál es la palabra mágica?”. Así, los chicos aprendían algo más que vocabulario: descubrían cuándo se esperaba que utilizaran determinadas palabras.
Greif y Gleason realizaron otro experimento con 22 chicos —11 varones y 11 mujeres— y sus padres para analizar saludos, despedidas y agradecimientos. Después de una sesión de juego, un asistente ingresaba a la habitación y entregaba un regalo al chico.
Greif y Gleason realizaron otro experimento con 22 chicos —11 varones y 11 mujeres— y sus padres para analizar saludos, despedidas y agradecimientos. Los investigadores observaron que las expresiones espontáneas de cortesía eran relativamente poco frecuentes. Entre ellas, “gracias” fue la que apareció con menor frecuencia de manera espontánea.
Los padres, sin embargo, solían intervenir para recordarles qué correspondía decir. Y los chicos generalmente respondían a esas indicaciones.
La escena resulta familiar para muchas familias: un chico recibe algo, permanece en silencio y un adulto inmediatamente pregunta “¿qué se dice?”. La repetición de esta secuencia puede contribuir a que una conducta que inicialmente necesitaba un recordatorio termine convirtiéndose en una rutina social prácticamente automática.
Pero automatizar una fórmula de cortesía no significa necesariamente experimentar la emoción asociada con ella. Esto ayuda a explicar por qué muchos adultos dicen “por favor” o “gracias” sin detenerse conscientemente a decidir si deben hacerlo.
Pero automatizar una fórmula de cortesía no significa necesariamente experimentar la emoción asociada con ella.
Andrea Hussong, investigadora de University of North Carolina at Chapel Hill, y sus colegas analizaron cómo las familias fomentan la gratitud durante la infancia.
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